Author Archives : Carolina Diaz


Roa, la película: ¿la versión de los triunfadores?

Roa, la película: ¿la versión de los triunfadores?

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Por: Pedro Adrian Zuluaga
Se perdió otra oportunidad de narrar con algo de realismo histórico y político el drama del 9 de abril, por ceder a una estetización abyecta de la pobreza y de la violencia.

Dos excluidos, dos momentos
Tras el estreno de su opera prima, Satanás (2007), basada en el libro homónimo de Mario Mendoza, el director caleño Andrés Baiz ya había anunciado su interés personal por adaptar la novela El crimen del siglo, del dramaturgo y escritor Miguel Torres.
Era posible y lógico suponer una continuidad entre Campo Elías Delgado, el asesino del restaurante Pozzeto que inspiró “libremente” la novela de Mendoza, y Juan Roa Sierra, el presunto asesino de Jorge Eliécer Gaitán, imaginado por Torres.
Dos excluidos, dos “hermosos derrotados”, que mediante un crimen espectacular intentaron ingresar en las corrientes de la historia, cada uno a su manera y con móviles distintos. Además, son dos momentos de una misma ciudad, Bogotá, en la que todo cambia, pero donde también sobreviven diversos mecanismos de segregación.
Con el antecedente de la versión cinematográfica de Satanás — que tenía el mérito de presentar una visión del mal menos trivial que la de la novela — eran elevadas las expectativas sobre lo que Baiz haría con El crimen del siglo, a pesar de los años transcurridos y de que en el intervalo el cine colombiano se ha vuelto rehén de las presiones del mercado y de distintas formas de esnobismo y de frivolidad, como la sujeción a la lógica y a la estética de la televisión privada, por ejemplo.
El propio Baiz ya había decepcionado con su segunda película, La cara oculta (2011), un thriller con elementos de melodrama, donde ya se notaba la imposición de un material ajeno a la sensibilidad del director y una serie de compromisos bajo el esquema de las coproducciones — como incluir actores de aquí y de allá, y aunque su presencia lesione la credibilidad interna de las películas — y la voluntad de no confrontar ni hacerle mayores exigencias al público.

Foto www.roalapelicula.com

¿Cómo fue Roa Sierra?
Sería estéril entrar en los debates teóricos sobre la adaptación para justificar o condenar las diferencias entre libro y película: en la letra menuda de los créditos finales de Roa —estrenada comercialmente el 9 de abril — se reconoce que El crimen del siglo fue libremente modificado por necesidades propias de la narrativa audiovisual.
Por otra parte, Roa tampoco traiciona a la Historia con mayúscula, esa que escriben los ganadores — el eslogan de la película es “los perdedores también escriben la historia” —, porque en el caso del asesinato de Gaitán ni siquiera hay certeza del simple hecho de quién le disparó al líder liberal; o sea que no hay nada que traicionar.
Al ignorar o interpretar a su modo algunos detalles de la versión del personaje creada por Miguel Torres, Roa desarrolla — por voluntad expresa del director y no por necesidades propias de la narrativa audiovisual — un punto de vista aséptico y despolitizado sobre el 9 de abril.
Torres hace una descripción de Juan Roa Sierra del siguiente tenor: “el menor de los 14 hijos de Encarnación Sierra y Rafael Roa, también albañil y quien murió de una enfermedad respiratoria producida por su oficio. Cuando ocurrieron los hechos, Juan vivía con su mamá en el barrio Ricaurte, mantenido por ella. Ocho de sus hermanos habían muerto y otro había sido recluido en Sibaté por problemas mentales.
Quizá Juan también los padecía, porque solía afirmar ser la reencarnación de Gonzalo Jiménez de Quesada y de Francisco de Paula Santander”.

Una versión más ajustada al registro histórico bosqueja a Roa, en el instante del crimen, como “un joven que vestía un raído traje de paño, zapatos rotos de color amarillo y un sombrero sucio (que) descubrió un revólver y dirigió su cañón contra la humanidad del líder de las clases populares”.

Y Plinio Apuleyo Mendoza, en su artículo de El Tiempo del pasado 9 de abril — en el cual mete baza sobre el “verdadero” autor intelectual de los hechos — retrata a Roa Sierra citando el testimonio del dueño de la farmacia Granada, donde el supuesto asesino se refugió después de disparar, como un hombre pequeño y muerto de miedo, y aporta otros detalles de su aspecto: “mal trajeado, con una barba de tres días ensombreciéndole el rostro y una mirada llena de odio”.

Foto Flickr.com

¿Un desplazado más?
Según esta iconografía estamos frente a un tipo social concreto, proveniente de lo más oscuro de esas clases populares que habían llegado a Bogotá a malvivir en sus márgenes, sin ninguna posibilidad de integrarse a las promesas de bienestar material de las sociedades modernas.

Precisamente el tipo de personaje que constituyó buena parte de la base electoral de Gaitán y que durante las horas posteriores al 9 de abril estuvo a punto de cambiar el rumbo del país con las armas que encontró a su paso, pero que fue vencida por “el trago”, antes de recibir la estocada de los dirigentes políticos. Son los hombrecitos de las “casas de vecindad” que pueblan la literatura de un José Antonio Osorio Lizarazo, cronista como pocos de esta encrucijada socio-política.

Hacernos sentir esa estrechez económica y espiritual bien hubiese podido ser un reto de la película y de su director. La mugre, la fealdad, la oscuridad, el hacinamiento, también pueden ser cinematográficos. Pero Baiz eligió otro camino y lo que traiciona entonces no es la Historia ni la novela de Miguel Torres.

Foto Flickr.com
No cuajó
Pero con su decisión de que todo se vea luminoso como un sol de justicia, desde los hermosos vestidos tropicales de la esposa de Roa — Catalina Sandino — hasta la casa en donde vive con ella y con su pequeña hija, pasando por las frutas dispuestas en la mesa o por el patio brillante y con materas donde se toman el último desayuno, Baiz le asesta un golpe mortal a la verosimilitud de la versión de los hechos que cuenta.

Sin un contexto realista y creíble donde desarrollar sus personajes, toda la enajenación mental de Roa (Mauricio Puentes) queda reducida a mohín y chascarrillo. Su resentimiento resulta ininteligible, a pesar de ser uno de los supuestos motivos de su acción. El entusiasmo y posterior desencanto del protagonista con Gaitán (Santiago Rodríguez) ocurre en un “ninguna parte”. Y el complot que la película sugiere, del cual Roa sería más una víctima que un victimario, nunca cuaja en términos dramáticos.

El descenso más profundo en esta voluntad profiláctica de la película, se da en el momento cuando Roa intenta suicidarse en el Salto del Tequendama, cercado por múltiples presiones y por su propia tendencia a la locura, aspecto de su personalidad que tomo del libro, porque la película evade mostrar esa red de circunstancias en toda su complejidad y la reduce a una serie de anécdotas.

Ese momento de clímax es tratado en la película como un chiste más, como una excursión turística al pasado de nuestro paisaje y al pasado de nuestra televisión: Héctor Ulloa, Don Chinche, interpreta al fotógrafo que se ofrece a captar el “momento cumbre del personaje”.
Evadiendo la historia para contar historias
Cualquier mérito de esta película — por ejemplo, la destacada actuación del grupo de actores — queda subordinado a una actitud que es síntoma de algo más general que aqueja al cine colombiano: su despolitización, la incapacidad de tomar posiciones frente al pasado histórico y de activar su discusión, el miedo a hacernos cargo de nuestra memoria desde lugares que incomoden al establecimiento o perturben al espectador.

Son los vencedores quienes han escrito y siguen escribiendo la historia, ella es su “coto de caza”. Y los vencedores ahora son distintos pero representan la misma actitud de la clase dirigente de siempre: son, para el caso, estos empresarios del cine que no tolerarían un punto de vista de verdad cuestionador, que no pasa por saber quién mató a Gaitán o por hacer revisionismo trasnochado e intrascendente, sino por penetrar en unas realidades de miseria y exclusión jamás contadas, tratar de entender qué humanidad sobrevive en ellas, y cómo, en efecto, pueden cambiar la historia, al entrar en colisión con la opulencia arrogante de los poderosos.

El cine colombiano aún no ha sabido mostrar esa purga sangrienta que se dio el 9 de abril. No hemos abierto el plano, que quizá resulte copioso en información, por quedarnos en el detalle aislado, digerible y deslumbrante. Pidiendo prestado el sentido de una frase del prólogo de Gustavo Álvarez Gardeazábal a una edición de Cóndores no entierran todos los días, cabe hacerse esta pregunta feroz: ¿dónde está la historia que solo les es dado escribir a los perdedores?

La película de Baiz termina con una orgía de violencia, y con el sacrificio del protagonista a manos de una horda enfurecida: Roa desnudo, en posición de un Cristo que ha descendido de la cruz, con los estigmas en su cuerpo y las teas ardientes por toda la ciudad.
Son imágenes de placer cuasi–religioso, apenas moderado por las fotografías de Sady González en el prólogo del film, que aportan un poco de realismo documental en medio de la estetización “abyecta” de la pobreza y de la violencia.

Se entiende, en este contexto, por qué Baiz invitó “a gozar” al público cartagenero reunido en el último festival de cine, donde su película fue exhibida en la gala inaugural: es que Colombia es pasión, así en la vida como en la muerte.

* Periodista y profesor universitario.
Para más información consulta Pajarera del medio, Un blog para la crítica y el debate abierto e independiente sobre el cine colombiano. Deje sus comentarios en el foro.

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imagen tomada de http://lamadrigueradelasconejeras.blogspot.com/2013/04/las-lesbianas-pack.html

Radionovela

Idea original de Radialistas.net
Realizado por: Linda Chica

 

Imagen tomada de : http://lamadrigueradelasconejeras.blogspot.com/2013/04/las-lesbianas-pack.html

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Spot infantil

Spot realizado por estudiantes de Comunicación social Periodismo de la U. Católica de Pereira

Carolina Nieto , Mónica Cardona

 

http://necesitodetodos.org/2013/01/infancia-vulnerada/

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imagen tomada de: http://www.maestropsicologo.com/senales-del-maltrato-infantil/

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Sinopsis Stereo- Experimental

Programa sobre la Gestión de recursos para la producción audiovisual

Realizado por: Kandy Osorio, Laura Rodas, David Castro

 

audiovisuales

Imagen tomada de: http://produccionaudiovisualeal.blogspot.com/2012/08/hola-muchachos-bienvenidos-al-general.html

 

 

 


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