El trabajo no deshonra, ¿será que la prostitución si?


Por: Luisa Andrade

La prostitución es un oficio que hoy por hoy sigue siendo un tabú, los católicos condenan aquellas personas que se dedican a ello y la sociedad las hace víctimas de discriminación.

 

Son muchas las personas afectadas por la falta de empleo en Pereira, caminar por el centro de la ciudad y notar la cantidad de gente que vive del llamado “rebusque” pinta un panorama vergonzoso con respecto a la falta de ejecución de políticas públicas de los gobiernos de turno.

No sabría si llamar a la prostitución como un trabajo de “rebusque”, ya que para muchos puede ser así para otros no, para mí, en algunos casos, es cuestión de decisión. Y digo en algunos casos porque hay niñas que desde muy pequeñas fueron obligadas a ofrecer su cuerpo al mejor postor, y si se crece teniendo sexo con tipos de todas las edades, en vez de estar jugando con muñecas de todos los estilos, allí ya no hay una decisión, porque fueron ultrajadas y cuando ya pueden hacer elecciones sobre sus vidas, el trauma causado ya las hizo adaptarse y jugarles una mala partida haciéndoles creer que lo único que pueden ser son prostitutas. Otras toman la decisión de serlo por necesidad, ya que las condiciones económicas las obligan a tomar este camino.

El mundo de la prostitución – sobre todo la femenina y transgénero– es bastante complicado, se puede decir que contiene varios submundos al que les podemos hacer la analogía de clase alta, media y baja en la ciudad.

Tenemos el submundo bajo: En este es donde comúnmente vemos a chicas y transexuales en cantinas y bares ofreciendo su cuerpo por un valor de $20.000, $30.000 y el precio puede llegar a los $50.000 dependiendo de lo que el cliente quiera que “le hagan”.

Tenemos el submundo medio: En este se evidencia normalmente en las noches, mujeres transgéro en minifaldas, tops y tacones altos en varias esquinas del centro de Pereira, a la espera del cliente que la llevará a un motel barato y le pagará de forma “decente” el valor no mayor a $200.000 y todo lo que estos hombres piden que les haga y pagan por ello, es a veces vergonzoso.

En el submundo alto: se encuentran las chicas que no son fácilmente identificables, puede ser la niña más ‘play’ como la más ‘tímida’. En este submundo de la prostitución juega mucho la famosa frase de “las apariencias engañan”. Sus sitios de ubicación son las universidades y los gimnasios, sus precios varían mucho, pero su cuerpo y lo que hacen con él, tiene un valor mínimo de a aproximadamente $800.000. En este se encuentran los gígolos, esos hombres que se quieren dar una buena vida y – quizás – aparentar lo que no son y por eso se dedican a estar en forma físicamente para complacer a mujeres que podrían ser sus propias madres o incluso sus abuelas.

La vanidad, la ambición, el sufrimiento, la soledad entre muchos otros factores, son los que a diario suelen encerrar dentro de sí estos seres que suelen ser marginados y juzgados por la sociedad, una sociedad en su mayoría católica que no intenta nunca ver más allá de unas personas que venden su cuerpo y que según ellos viven en constante pecado. Vale la pena descifrar el por qué la decisión de este trabajo, porque a pesar de todo es un trabajo y el trabajo no es deshonra ¿o si?.

 

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El trabajo no es deshonra, ¿será que la prostitución si? por Luisa Andrade se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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