Santa Cecilia: 14 años de promesas y olvidos


Por: Julián Velásquez y Cristian Lozano. Edición por: Luisa Fernanda Andrade

La toma guerrillera perpetuada por el frente Aurelio Rodríguez de las FARC la tarde del 17 de mayo del  2000, partió la historia de Santa Cecilia en dos, la población pasó de tener una comunidad alegre, unida, y trabajadora, a ser una comunidad de victimas totalmente estigmatizada, desunida, desconfiada y olvidada.

 

“Negro, escóndase que esto no es para ustedes. Escóndase”. Fueron las primeras palabras que escuchó Noelio aquella tarde durante el combate. “Como pude cogí a dos niños del grupo, me los metí debajo del brazo y salí corriendo a esconderme mientras sentíamos como silbaban esas balas”. Tres horas duro el enfrentamiento que dejó como resultado un civil muerto, un policía secuestrado, un comando en ruinas, una iglesia semidestruida y una población que 14 años después, tiene que seguir cargando con la estigmatización, el olvido y la pobreza de una guerra a la cual nunca pidieron pertenecer.

La toma guerrillera perpetuada por el frente Aurelio Rodríguez de las FARC la tarde del 17 de mayo del  2000, está aún muy fresca en el recuerdo de muchos cecilianos que como Don Noelio rememoran con nostalgia los cerca de mil días que estuvieron bajo el mando de este grupo armado.

Noelio Cuesta Mosquera es un Chocoano más que llegó en 1938 a establecerse en estas tierras producto del conflicto armado o del amor en este caso. Santa Cecilia es un corregimiento risaraldense de alma chocoana ubicado a 33 kilómetros de su cabecera municipal, Pueblo Rico.

Una pequeña población fundada en 1895 por unas cuantas familias palenqueras quienes poco a poco fueron poblándolo, hasta llegar a los cerca de 4.000 habitantes con los que cuenta hoy dicha población. Habitantes que en marzo del año 2000 se convirtieron en la primera población tomada por las FARC en el departamento.

A sus 85 años, Noelio aún tiene presente el recuerdo de sus 16 novias, sus infalibles poemas, sus días como profesor, su pasión por la música, el orgullo de ser el hombre que, según él, instauró la cultura chocoana en la población, y el grupo de danza y música que dirigía, grupo que en el momento del hostigamiento se disponía a desplazarse hacia el municipio de Mistrató. Recuerdos que se vieron opacados por los angustiosos momentos que tuvo que vivir tras la toma guerrillera.

A pesar de ello, él decidió quedarse en Santa Cecilia. Su juventud, sus experiencias, sus alegrías y tristezas, y sus amoríos pesaron más que los tres años de censura, miedo y desconcierto, que tuvo que soportar después de la derrota de los 13 policías ante el ataque de los cerca de 300 guerrilleros.

Él tenía 14 años y ella 22 cuando decidieron huir de sus familias, huir de Bagadó, e ir a un lugar donde pudieran vivir sin presiones. “Es por eso que llegué aquí. Cuando eso Santa Cecilia a duras penas tenia nombre. Habían unas ocho o diez casitas de esterilla, hasta que llegó un paisa a montar tiendas y a expandir esto” contó Noelio.

La principal causa del desplazamiento de la comunidad afro hacia Santa Cecilia se dio gracias a un desastre natural, una avalancha que afecto a familias enteras que no tuvieron más opción que asentarse en este territorio.

La toma partió la historia de la población en dos, Santa Cecilia pasó de tener una comunidad alegre, unida, y trabajadora, a ser una comunidad de victimas totalmente estigmatizada, desunida, desconfiada y olvidada.

LAS VÍCTIMAS

El hostigamiento implicó para muchas familias el desplazamiento, que más que un remedio, terminó siendo una enfermedad. Los que decidieron quedarse, debieron convivir con las desapariciones forzadas, el reclutamiento y, en algunas ocasiones, el encallamiento de algún cadáver sobre el lecho del río San Juan.

Pereira se ha convertido en una ciudad receptora de población desplazada por el conflicto armado. Según cifras del DANE, en Risaralda existen alrededor de 60 mil víctimas del conflicto, dato que se nutre con población de distintos departamentos.

Sandra Helena Cuenut es una ceciliana que decidió abandonar su pueblo, poco después de ocurrida la toma guerrillera. Ella, junto con sus tres hijos, se desplazó hacia Pereira. Ha vivido, desde el año 2000, en el barrio conocido como Plumón Alto. Sobre la avenida 30 de Agosto, a un costado de la vía, se extiende un pequeño lote invadido por la maleza. En medio del pastizal, una calle corta abre la entrada al barrio. Casas hechas con tablas y techos de láminas de aluminio se esconden detrás de la maleza. En una de esas casas, vive Sandra. Entre risas y algunos gestos de nostalgia, ella recordaba cómo fue su infancia en el pueblo.

Según el último informe realizado por parte de la Unidad de Reparación Integral a Víctimas, en Risaralda hay 2560 personas reparadas integralmente desde el mes de noviembre del 2012 hasta marzo, del actual año. Sin embargo, Sandra asegura que tan solo  en dos ocasiones ha recibido la ayuda del gobierno: lo último que pudo recibir del plan de reparación a las víctimas del conflicto, ocurrió hace tres años.

Se estima que 124 familias o 700 personas se desplazaron del corregimiento, durante esta época.

“HAY MÁS MILICIANOS QUE ARROZ”

Desde el 2003, las fuerzas armadas, bajo el control del batallón San Mateo, comenzaron a recuperar el pequeño corregimiento. Según el comandante del batallón, el ejército trasladó a una brigada móvil para ese sector. Pronto, el operativo dio aparentes resultados, el frente Aurelio Rodríguez contaba con un grupo de más de trescientos insurgentes,  con la acción militar, se logró reducir a 48 los miembros de dicho frente.

Hoy, el comando de policía está ubicado en un cerro cercano al pueblo. Por su parte, el ejército ha venido desarrollando procesos de apoyo a la comunidad, jornadas de salud y fortalecimiento de la presencia del estado en la región. La comunidad asegura estar tranquila con la presencia de las fuerzas militares, sin embargo, Clemente* duda de la aparente tranquilidad que goza el pueblo. “Uno aquí no puede pararse hablar con la policía o el ejército ni dos minutos, porque ya le están cayendo a uno a preguntarle que,  qué estaba hablando con ellos. Ellos todo lo saben, de todo se dan cuenta” afirma Clemente*.

“aquí hay más milicianos que arroz” asevera Clemente*, mientras  mira alrededor. Sin embargo, a pesar de las especulaciones acerca de la existencia de milicianos, la gente asegura estar tranquilos con la presencia de la fuerza pública.

SANTA CECILIA,  HOY.

El abandono al centro de salud, la falta de un acueducto y alcantarillado, la dotación de las escuelas, el problema de recolección de basuras, pues solo pasa la volqueta recolectora cada 15 días, y la baja producción agrícola, son tan solo la punta de un iceberg  que se esconde tras la aparente tranquilidad.

Santa Cecilia es un pueblo de paso que se sostiene del comercio que propician los turistas, su ubicación estratégica la hace blanco fundamental de los grupos al margen de la ley. Los paros armados han afectado muchísimo a la población.  Además de ello ahora con los cierres programados por la pavimentación de la vía han hecho que la comunidad sufra desabastecimiento,  por eso los alimentos son más costosos.

Este corregimiento se caracteriza principalmente por ser un lugar de paso. Por otra parte, el carácter agrícola del lugar se vio muy afecto cuando los cultivos de chontaduro fueron afectados por una peste. Para algunos pobladores, la situación del pueblo ha mejorado, a pesar del olvido al que, creen, han sido sometidos.

*Nombre cambiado a petición de la fuente.
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