La necesidad de una frontera entre lo profesional y lo personal


Por: Daniela Bermúdez Calle. Edición por: Mayerli Gómez

La ética de un comunicador social constantemente está en tela de juicio. De forma irresponsable y basados en prejuicios, muchas personas dicen que los periodistas no tenemos alma ni corazón. Pero, ¿En que momento el comunicador deja de ser un profesional y se convierte nuevamente en persona?

Hay que aceptar una clara realidad, el capitalismo salvaje y el consumismo no solamente se ve en las ramas económicas y sociales del mundo, sino también en el ámbito laboral. Creemos que tenemos todo el derecho del mundo que por tener una cámara tenemos el poder de captar la realidad y a su vez transformarla, pero, ¿transformarla para bien o para mal?

En nuestras labores como profesionales debemos tener en cuenta de que la exigencia es muy grande, ya que esta sociedad lo exige de esa manera, exige no solo información, sino también una estética que sea llamativa y que impacte. El impacto que pueda generar una información en la sociedad varía del sentido que el periodista también quiera darle, si este quiere darle un sentido crítico y mostrarle a la sociedad que es lo que está haciendo mal o si por el contrario quiere continuar alimentando esas ansias de querer consumir sangre y polémica.

El periodista mas allá de generar discusión debe generar un debate sano, que también haga pensar a la sociedad en que está fallando desde su perspectiva, usar sus medios y su papel como portavoz para la opinión pública y exigir a la sociedad que piense y observe la realidad que esta misma ignora, la realidad que, también ellos solicitan que se les informe pero que no hace mayor cosa por cambiarlo.

Se consume el mismo tipo de noticias y el mismo tipo de periodismo porque así lo exige la sociedad, así lo exige nuestra labor en ocasiones, pero más allá de ser nuestra labor, el periodista también es un ser humano, que vive y siente la violencia y la tragedia que le toca cubrir y que por lo tanto, y según los parámetros establecidos, debe cubrir los eventos de manera objetiva e imparcial.

¿Pero hasta que punto llega la imparcialidad? ¿Cómo se puede ser imparcial y neutro cuando ves a un niño morirse frente a ti y frente a millones de personas como ocurrió con Omayra Sánchez en la tragedia de Armero (por citar un ejemplo)? Como se le va a negar al periodista que busque cambiar la realidad de las personas, si también eso va ligado a su ética profesional y ética humana.

Es muy difícil (o tener un corazón de hierro) no buscar por lo menos una ayuda o un medio para ayudar a los más necesitados, va en nuestra labor humana (y se puede decir religiosa) ayudar al prójimo, porque mas allá de buscar excelentes tomas y querer hacer una excelente labor profesional, también está la labor humana, esa labor que muchas veces olvidamos por no querer saciar la sed de amarillismo y de sangre.

Estas preguntas son importantes para un buen debate sobre la ética profesional, para saber en donde se puede delimitar la frontera del periodista y la del ser humano. Para saber en qué momento el periodista puede cambiar la realidad de esa persona a la que está analizando y de la que busca información, para establecer un contacto directo con las victimas que sufren en carne propia las tragedias (porque una cosa es ver desde un televisor y otra es sentirla desde el lugar de los hechos), también para conocer esos relatos de esos actores de nuestra realidad, de esa realidad de la que se alimenta el consumir, de esos actores que no son actores improvisados, sino al contrario son actores que están cansados de serlo, quieren cambiar su realidad, y nosotros podemos hacerlo, pero debe existir una severa autocritica en nuestro modelo de emitir noticias y también de consumirlas.

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