Literatura Precolombina


Por: Stephany Muñoz Lam. Edición: Daniel Valencia

Cada vez que entramos a hablar sobre la literatura precolombina, por lo menos los adolescentes muchas veces preferimos hablar sobre temas más actuales y esto sucede, porque no nos han inculcado desde siempre a tener conocimiento, respecto a nuestros antepasados; la causa es debido a que siempre nos han hablado del futuro: “Oye… ¿Y tú cómo te ves en un futuro?”,  “Piensa en qué profesión quieres ser”, “Proyéctate en grande, idealiza en cómo sería el mundo a futuro”, o sencillamente “Debes ayudar a las personas del mundo, porque no sabremos qué podrá pasar mañana”. Todo esto es debido a que la sociedad siempre prefiere ir más allá de lo que vemos, la gente quiere saber la verdad sobre los acontecimientos del mundo.

 

 La tecnología cada vez es tanta que se apodera de cada uno de nosotros. Y digo nosotros, porque hoy en día la mayoría de personas tenemos celular, que más que celular para llamar, son inteligentes; capaces de darnos respuestas rápidas mediante buscadores a la mayoría de preguntas que nos hacemos… Y sí quizá esto haga avanzar la sociedad, pero… ¿Realmente la hace pensar en cómo la vida llegó a ser lo que es ahora? ¿Realmente consideramos analizar quiénes fueron los encargados de hacernos dimensionar y crecer en todos los aspectos? ¿Realmente nos ponemos a imaginar o idear en quiénes habitaron y pisaron nuestros suelos años atrás y cuáles eran sus culturas y por qué ahora no están? Realmente la tecnología nos ha enceguecido…

La realidad es que sí es un tema muy interesante y que no se debe dejar pasar por alto. En el colegio, inclusive en la universidad me hablaron de literatura precolombina, pero no tenía un interés mayor en mí saber sobre esto antes que muchos otros temas; ahora es diferente, veo con otros ojos el poder entender de dónde venimos; la curiosidad arraiga mi mente. Y es que es muy emocionante el mundo de las culturas, tanto de las que vivimos y conocemos, como de las que han dejado de existir hace mucho tiempo…

 Por tal motivo, la salida de campo me ayudó mucho para enfocarme y entender mejor muchos términos y planteamientos de la literatura precolombina, es por esto que cuando fuimos al ‘Museo del Oro de Quimbaya’, logré enterarme de muchos acontecimientos e ideas que cuando me habían enseñado el tema no lograba entender aún, o que simplemente no le había prestado la atención pertinente.

Un ejemplo de esto era el de las argollas que utilizaban los indígenas para parecerse más a algún tipo de animal; en este caso deseo hablar de los chamanes o caciques que querían semejar su apariencia a la de un puma y usaban cosas extravagantes para diferenciarse del resto de la tribu, me impactó saber que tales argollas que utilizaban en la nariz, eran con el fin de quebrar su tabique y así tener una apariencia más focal respecto al animal. Cuando veía imágenes de este tipo, en libros y fotocopias de aquellos hombres no tenía la misma sensación, no lograba percibir el mismo sentimiento que yendo a un lugar donde he logrado ver con mis propios ojos cada cosa que dejaron estos grupos étnicos. En este museo había una figura de un hombre indígena con una corona grande, collares, aretes, pulseras; todos estos objetos hechos por los mismos aborígenes con oro; me impactó de inmediato aquella imagen, ya que mi vista pudo ver la representación del esfuerzo de todo un pueblo. Vi fuerza en aquel hombre, vi empuje en sus ojos (a pesar de no ser real), me conecté de inmediato; fue como si hubiese podido viajar en el tiempo. En aquel momento pude imaginar mi mente en el suelo de esa época y pensar en cómo hacían sus ritos, en cómo utilizaban sus armas para cazar, en cómo habitaban un lugar y otro, y cómo podían sostenerse sin necesidad de ser quien tenga la mejor apariencia, sin mirarle al otro su vestimenta, porque claramente usaban taparrabos; además que aquellos grupos étnicos trabajaban todo en grupo, viajaban en grupo, intercambiaban en grupo.

 Los indígenas contaban “con una organización política, económica y religiosa inigualable”1, ya que como había recalcado antes el cacique era quien llevaba el mando del grupo, quien regulaba la disposición de aquella etnia, quien ordenaba hacer ritos por alguna festividad que quisieran celebrar (fuese matrimonio, un canto al agua, un momento especial). En cuanto a lo económico es importante recalcar que se valían de recolección de frutos, intercambio con otros grupos, los cuales satisfacían otras necesidades y sabían trabajar diferentes elementos de los que hacían ellos o en distintos cultivos.

 Religiosamente hablando, su incansable lucha siempre fue por la ‘Pacha Mama’ (madre naturaleza), la cual fue y seguirá siendo para ellos un hermoso lugar sagrado, el cual debemos proteger y por el que nos tratan de decir cada día que lo hagamos el resto de personas también, por tanta destrucción, porque el hombre quiere un capitalismo ascendente sin pensar en los daños que le causan al mundo; para éstos nativos el agradecimiento que hay que darle es gigante, y yo pienso igual que ellos. Según una parte del texto de historia y cosmovisión indígena: “nuestro trabajo consiste en procurar que los de después, las generaciones que aún no han nacido, no encuentren un mundo peor que el nuestro”2. Es por esto que claramente hay que escuchar las palabras sabias de personas que han habitado generativamente en el mundo, los cuales se adaptaron a un lugar cuando no había nada, por dichas razones hay que seguirle los pasos a ellos, a quienes nos dejan más que una identidad… ¡Una gran tradición oral que no debemos olvidar!

Me conmueve saber que ellos luchaban cada día a como dé lugar para que no se perdiera su civilización, que enseñaban sus legados a sus descendientes. Lamentablemente todo esto terminó cuando nos colonizaron los españoles y se robaron las joyas y tantas cosas de valor, además de la cantidad de muertes que hubo y la gran mezcla de razas; porque esto acabó con una historia que me enorgullece.

Estos hombres estaban hechos para trabajar sus artesanías, que hasta el día de hoy son hermosas y podemos ver en sus trabajos. Para mí es un mundo fantástico, porque es inevitable pensar en que nacieron para hacer eso, es como si todos los indígenas supieran trabajar la mano de obra por instinto. Por lo tanto me duele que hoy en día no nos enseñen desde pequeños que ellos son los protagonistas de la historia, de este lugar que habitamos y que recorre tantos kilómetros de norte a sur y de este a oeste. En pocas palabras, con los pocos grupos étnicos que quedan vemos a sus representantes tratando de dar la pelea por “poder escribir y transmitir esas historias”3que no siempre nos cuentan.

 Así que de ahora en adelante espero poder aportarle al mundo un poquito de lo que sé de la literatura precolombina, sería hermoso inclulcarle a los niños que lean el “Popol Vuh” y quisieran interesarse más por él, que la gente visite aquellos lugares donde se pueden ver los frutos de la cultura con ánimo, poder decir… “¡Vamos al museo en familia y aprendamos juntos!” Sólo espero que ese día no esté muy lejano y que pueda ser pronto.

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