Muchas arrugas, muchas sonrisas 1


Muchas arrugas, muchas sonrisas

Por: Valentina López Echeverri

 

Carmen Tulia Flores, más conocida como la “Goselia”  o la “Súper abuela”, es una mujer que a pesar de sus abundantes arrugas, de sus manos y pies cansados, y de todos los años que lleva encima todavía tiene ganas de sacarle la lengua al mundo, de halar un par de cachetes y decir “Mi pechochula”

 

Carmen es una mujer que vaga por las calles de la ciudad de Pereira, sonriéndole a la gente, brindándoles un abrazo o una palabra chistosa para conseguir dinero y poder llegar a la residencia de la 10 y encontrar un colchón duro para poder descansar, su vida no ha sido nada fácil de llevar pero a pesar de todo su labor sigue siendo ganarse unos pesitos (como dice ella) alegrándole un rato la existencia a los ciudadanos.

Su vagar por las calles empieza a sus escasos 13 años cuando decidió salirse de casa porque “no me aguantaba a mi mamá”-dice. Salió de Belén –su pueblito como ella lo llama- para Medellín, después estuvo un tiempo en Cali, allí conoció el amor, -“El me lo dio todo, fue muy buen esposo y me dio a mi niña”, pero todo cambió cuando se metió en el  mundo de la droga, “me entregué al perico y ahí fue donde vendí todo lo que me había regalado y me dejó en la calle”. Después de haber pasado por las duras y las maduras con una bebé en sus brazos, se dedicó a la prostitución porque no podía dejar morir de hambre a su niña, luego de varios años llegó a Pereira donde lleva más de 20 años.

Su niña (como le llama a su hija) ahora vive en Villa Santana, tiene 24 años y  dos hijos, Carmen casi nunca la ve, pero piensa que llegará el día en el que podrá disfrutar de su hija y de sus nietos.

Carmen hace 14 años vive en la residencia de la 18 con 10,  es una mujer que no tiene pelos en la lengua para decirle las cosas como son a las personas, en su vocabulario las groserías no son un tapujo, y contar lo que le ha tocado vivir menos. “La súper abuela” como la gran mayoría de pereiranos la conocemos todos los sábados va a las discotecas de la Av. Circunvalar donde la dejan entrar sin ningún problema, a “joder un rato” dice, para conseguir los $8.000 que debe pagar diarios en la residencia a la que solo va  a dormir o un rato por la tarde,  ahora solo se queda un par de horas con sus “pechochulas” porque los años no llegan solos, está llena de enfermedades por aguantar sereno, alimentarse mal, por dormir poco y por la vida que lleva.

A pesar de vivir en la miseria, y de que toda su ropa la compre de segunda o sus “cachetoncitas” se la regalen, Carmen vive agradeciéndole a Dios por cada cosa que le da,  dice que su única alhaja es la Biblia, la cual lee todos los días para estar pegadita a Él porque ésta mujer vulgar y arrugada aunque sabe que vive llena de pecado está completamente segura que el día que llegue el final de sus días se va a descansar con Dios porque “Él ayuda al pobre al rico, al malo y al bueno” afirma.

Esta mujer no es una más que vaga por las calles de la ciudad, esta mujer es reconocida por casi todos los habitantes de Pereira, esta mujer es realmente especial porque  ha sobrevivido por más de 20 años (Los que lleva viviendo en Pereira) sonriendo, abrazando y halando cachetes.

 

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