¡Nuestro Gabo sigue vivo!


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Por: Luisa Maria Montoya Franco

 

Sin duda, supo tomar la inspiración de su entorno, la cotidianidad era el mejor cuento que podría imaginar, puesto que la realidad siempre supera la ficción. Su primer amor, incluso antes de la narración y la escritura fue su profesora, en el colegio Montessori en su natal Aracataca (Magdalena), fue ella, quien además de ser su musa, le enseñó a escribir, tal vez por esto su pasión y de ahí su inmensa capacidad de atrapar al lector y construir párrafos que quisiéramos que nunca acabaran.

 

Su infancia marcó el resto de su vida. Parte de sus historias se inspiraron en las vivencias y narraciones de su abuelo sobre la guerra de los mil días, sobre la masacre de las bananeras y más que esto, las historias vividas juntos, la convivencia con su abuela, sus tías y primos, y la ausencia de sus padres. Fue hasta 1936, cuando el coronel murió, que Gabriel salió de su Aracataca.

Como interno, en el Colegio San José, de la cálida Barranquilla, empezó con el escrito de sus humorísticas letras, con lo que continuaría en el colegio de los jesuitas y más tarde en el Liceo Nacional de Zipaquirá, lugar a donde llegó por una beca en 1940. Dicho cambio resulto abrupto y traumático, así que su mayor apoyo y consuelo fueron las infinitas horas de lectura, libro tras libro, clásico tras clásico. Seis años después, tras recibir su grado como bachiller y regresar a la cálida Sucre, comenzó su formación como abogado a sugerencia de sus padres.

Sujetándose a la decisión de estudiar derecho y volviendo al clima frío, aunque ya no en Zipaquirá, ahora estaba un poco más lejos de casa, Gabo se inscribió en la Universidad Nacional en Bogotá. Fue en esta ciudad donde hizo amistades como la de Camilo Torres “El cura guerrillero”. Y de nuevo su verdadera vocación surgió, el estudio de derecho no era lo suyo, trabajaba en narraciones  y gracias al apoyo de Eduardo Zalamea Borda, pudo publicar “La tercera resignación”. Después de muchos  ires y venires llega a Cartagena transferido de la universidad bogotana, a pesar de no llegar a graduarse, en esta bella ciudad le esperaba un gran futuro. Gracias a Manuel Zapata Olivella, pudo conseguir una columna en el recién fundado periódico el Universal, donde sus escritos trataron diversos temas.

Después de trabajos en el Heraldo, el Universal, El Nacional y hasta vender enciclopedias como algunos aseguran, para 1954 García Márquez volvió a la capital e inició un nuevo trabajo como reportero en El Espectador, fue allí donde se convirtió en el primer columnista de cine en la historia del periodismo colombiano.

En 1955 su primer obra se publicó, llegaron un sin número de éxitos para él y sus libros, pero fue en el año de 1967 cuando su obra más conocida llegó a nosotros, casi como un hijo la cuidó y redactó y después un año de intenso trabajo la magnífica Cien años de soledad se publicó y su éxito fue arrasador. Como si se tratara de las boletas para un concierto del artista más famoso del momento, su primera edición se agotó a los pocos días y cientos de personas se dejaron deleitar por las exquisitas palabras de quien para ese tiempo aún no era nuestro Nobel.  Fue solo 15 años después, que Gecía Márquez  recibió el premio Nobel de la literatura convirtiéndose así en orgullo de los colombianos. El nombre de un soberano de Colombia resonaba ante el mundo

Fueron muchos los libros escritos por este genio de la literatura, fueron muchas las historias que nos hicieron soñar, imaginar y conocer nuevos mundos. En 2010 tuvimos el placer de leer uno de sus libros por última vez, Yo no vengo a decir un discurso, fue su título. Cuatro años más tarde, un 17 de abril recibimos la noticia con tristeza, Gabo se fue a descansar a sus 87 años, a narrar sus historias en un mejor lugar, a encontrarse con sus amigos, parientes y todas las personas que permitieron que este genio nos diera tantos orgullos.

 

Tal vez ya era justo, nos lo prestaron por un buen tiempo y aunque hubiéramos querido que fuera eterno y aunque era imposible que su cuerpo lo fuera, sus letras sí lo son, su inspiración también, sus mundos de fantasía y sus enseñanzas. Solo nos queda no dejar morir el legado, contarle a nuestras próximas generaciones de un gran hombre que a través de su realismo mágico nos regaló dichas e invitarlos a conocerlo a través de las incontables letras que nos regaló.

Fuentes:

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/garcgabr.htm

http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/garcia_marquez_gabriel.htm

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Colombia.

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