En la raíz del problema


 

Aserradero a la orilla del Río Atrato – foto Brainer Jaramillo

Por: Ana María Hernández Murillo, Valentina Echeverry Vega  y Jhurd Brainer Mena Jaramillo

 Chocó, un departamento con recursos casi inagotables pero explotado sin medida

Kilómetros de campo cubierto por el sol añorando la sombra de las hojas y ramas que algún día los envolvieron. Metros y metros de troncos talados, desde árboles jóvenes y árboles de hasta 200 años que podían ser abrazados por siete personas debido a su grosor. Al fondo se escuchaba un sonido ensordecedor en vez de los sonidos de los animales que ya no estaban en la zona, sonido proveniente de motosierras que acababan con miles de hectáreas de bosque. Esta fue la escena que vio Alberto (extraficante entrevistado anónimamente) en una de sus visitas en el Chocó a dos horas selva adentro por el río Atrato en una de las propiedades de un compañero maderero que también era paramilitar.  Esta fue la escena que vio Alberto en una de sus visitas en el Chocó a dos horas selva adentro por el río Atrato en una de las propiedades de un compañero maderero que también era paramilitar.

Río Atrato

Aguas del Río Atrato – foto Valentina Echeverry

info otro fondoChocó está localizado en el noroeste del país en la región del Pacífico colombiano, comprende las selvas del Darién y las cuencas de los ríos Atrato y San Juan. Famoso por su gran selva tropical, además de su abundancia en flora posee una gran variedad de fauna silvestre,  siendo así la pesca fuente principal de consumo y comercio de la mayoría de costeros. Por estos factores tan particulares es que hoy en día se ve amenazado este rincón verde de nuestro país.

120.933 hectáreas de bosque fueron extraídas de las selvas colombianas en el año 2013, según el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia) en su primer informe anual de deforestación entregado en el 2014.

Aserradero

Aserradero a la orilla del río – foto Valentina Echeverry

El Ministerio de Ambiente, el Banco Mundial y los gremios que integran el Pacto por la Madera explican que casi el 42 por ciento de la madera de especies silvestres que llega a las ciudades es ilegal, una gran parte de esta madera sale del Chocó para venderla en Medellín, Cartagena, Pereira, Buenaventura, Cali, Bogotá y fuera del país en Asia y Europa.

Las especies utilizadas en esta práctica son el guino, el abarco y el cedro rosado. El abarco y el cedro, se encuentran en el libro rojo de plantas de Colombia como especies maderables amenazadas en alto riesgo según la Corporaciones Autónomas Regionales. Son más de 441 especies de madera que se encuentran en algún grado de riesgo de extinción, sin embargo sólo 50 fueron incluidas en libro rojo de especies amenazadas.

En Colombia la Ley que protege al Medio Ambiente en materia de fauna silvestre y la política de bosques  se compromete a proteger la diversidad e integridad del ecosistema, además señala que “es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la nación”, sin embargo, la facilidad de transporte como objeto no perecedero de la madera comparado con un animal salvaje, la facilidad de falsificación de los salvoconductos y de evadir la ley en carreteras y rios, sin hablar de la gran rentabilidad que trae esta práctica, incentiva el comercio ilegal de especies maderables amenazadas.

 

Los principales autores de este delito son grupos al margen de la ley, sin embargo no hay pruebas concretas de esto ya que solo fue mencionado por personas que solicitaron no ser nombradas públicamente. Al parecer es un dato que cualquiera que se relacione con el tema sabe pero nadie se atreve a señalar. Formalmente se habla de que los que comercializan con madera fina  son empresarios o grandes multinacionales que normalmente hacen tratos con nativos y comunidades indígenas de la zona donde se encuentra la madera, ya que desde hace varios años estas tierras baldías en zonas rurales ribereñas es propiedad de ellos según la ley 70 de 1993.

Para los nativos es casi imposible hacer uso de estos recursos de forma legal, ya que para talar y transportar este material es necesario tener un salvoconducto otorgado por Codechocó (Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo del Chocó) que en total su precio está alrededor de los 10 millones de pesos incluyendo los estudios técnicos, aparte de los gastos que requiere talar un árbol y transportarlo: gasolina de la motosierra 80.000 pesos, lancha para sacarla de la selva 70.000 pesos, sueldo para quien maneja diariamente la motosierra 100.000 pesos, sin contar la alimentación diaria de todos los trabajadores. Por ello a los nativos o comunidades negras les resulta más fácil acceder a las sociedades que les ofrecen estos supuestos empresarios para aprovechar sus recursos, ignorando que la paga que obtendrán por hacer el trabajo sucio será miserable para lo que equivale en ganancia a sus aparentes “socios”.

Barcos pesqueros - foto Valentina Echeverry

Barcos pesqueros – foto Valentina Echeverry

Luego de que el nativo tale el árbol y que acuerde la paga con los jefes del intermediario, los lotes de madera son dejados a la orilla del río con el código correspondiente a espera del barco que lo transportará al puerto. El barco en el que a diario navegaba Alberto, quien era intermediario retirado hace 7 años y nos dio una entrevista anonimamente, estaba hecho de madera, tenía 50 metros de largo y era capaz de soportar hasta 100 toneladas, dice él, un barco pequeño diseñado especialmente para pasar por el río Atrato debido a la estrechez del Golfo de Urabá. El agua que entre la madera lograba filtrarse se ponía densa al caer la noche y mas cuando tenia que pasar de 8 a 15 días para llegar a su destino. En el barco trabajaban 7 hombres, el capitán, el cocinero y los ayudantes. La madera era descargada en las fábricas madereras y puntos de acopio pero ahí el trabajo de Alberto acababa su parte en el proceso.

 

Impactos ambientales 

Como es de esperarse tal práctica puede ocasionar un sin fin de desastres ambientales. Puede ocasionar la degradación de vegetación y acelerar el proceso de erosión de la tierra, que en últimas acaba convirtiendo la tierra en tierra estéril.

La absorción del dióxido de carbono del aire es quizá el peor impacto que nos puede traer la tala indiscriminada de árboles, no sólo por limpiar el aire y brindarnos más oxígeno, sino por evitar el daño a la capa de ozono, que de no cuidarse complica aún más el problema de calentamiento global y escasez de agua. Dependiendo la zona y el terreno donde se realice puede haber derrumbes  por la extracción de raíces de árboles ancestrales  que aflojen el suelo y pueden ocasionar inundaciones.

Las hectáreas trabajadas para obtener  la madera son usadas por miles de especies animales como hábitat, al ejecutarse la tala muchas de estas especies, en su mayoría terrestres, no sobreviven a esas acciones que destruyen sus hogares. Los recursos hídricos igualmente sufren a causa de esta práctica pues mucha de la madera extraída es tratada en aserraderos, que por lo general quedan al borde del Río Atrato, los cuales manejan inconscientemente residuos orgánicos como el aserrín que sobra de la transformación de la madera. Esto lo explica la ingeniera ambiental Jhormarizel Cuesta.

Impactos económicos

Económicamente quien más se ve afectada es la comunidad pesquera por la sedimentación del río que ocasiona constantes desbordamientos, lo que permite que la cachama, especie depredadora, llegue a estas zonas de pesca con mayor facilidad para alimentarse del bocachico, la principal especie nativa del Río Atrato, reduciendo así la cantidad de peces y la producción de los pescadores, que si bien ya era poca, ahora peor. “Antes el bocachico subía hasta la microcuenca y se proliferaba por todo el Río Atrato, ahora no alcanza a subir ni a la mitad del río debido a la contaminación”  Darío Arango, vendedor de redes de pesca.

Madera en el rio - foto Valentina Echeverry

Madera en el río – foto Valentina Echeverry

Chocó tiene grandes falencias en cuanto a la transformación de la madera y la cadena productiva de la misma, ya que el recurso bruto sale del departamento para ser  transformado en otras partes del país, cuando podría ser aprovechado para generar empleo en la región.

En el departamento solo se realizan trabajos de ebanistería en pequeñas fábricas, con madera comprada en diferentes partes del país, que muy probablemente hayan salido del Chocó. Por esto la Universidad Tecnológica del Chocó intenta acercarse al tema con grupos de investigación que planteen estrategias para generar sistemas productivos con el recurso natural.

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Entidades encargadas

Codechocó es la entidad encargada de brindar los salvoconductos para el aprovechamiento forestal dependiendo del lugar donde se piense talar y si la especie está en peligro de extinción o no. Lo ideal del proceso es que el permiso sea otorgado antes de ser talada la madera, sin embargo funcionarios de la entidad afirman que en ocasiones el permiso es entregado después de ser cortados los árboles ya que al nativo se le dificulta la movilidad hasta el establecimiento.

Entre los requisitos de las entidades encargadas de brindar los permisos para talar  árboles, está el plantar más especies que los reemplacen, generando un aprovechamiento sostenible. Sin embargo las 2 visitas al año  que hace Codechocó a estos lugares para hacer seguimiento del proyecto parece no ser suficiente.

“Pueden haber palos sembrados pero los climas no son los mismos y las condiciones del suelo tampoco, no abonan y los árboles sembrados crecen muy poquito. A ellos no les interesa sembrar porque igual son árboles que no alcanzaran a talar”, dice Alberto

Cuando se realiza una incautación se encuentra como primera institución la Policía Ambiental que son quienes se encargan de ver si hay alguna irregularidad y hacer el decomiso, también colaboran con la policía aduanera realizando algunos seguimientos y controles en vías. El decomiso se hace cuando se transporta la especie maderable sin salvoconducto, si hay presencia de este pero la carga supera los metros cúbicos especificados en el salvoconducto se implanta una multa pero no se decomisa.

Sin embargo Alberto, quien realizó innumerables recorridos sobre el río Atrato y después en el océano, expresa que aún llevando exceso de madera y la copia del salvoconducto nunca se le fue revisada ni decomisada, según él los controles y su regulación no van más allá de consignar la plata del salvoconducto para la entidad reguladora.

Para finalizar un programa radial realizado por los investigadores de este reportaje donde hablan respecto al  tema.

Talando futuro

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