Cúcuta: portón de informalidad


Una frontera que sobrevive con el contrabando / Norte de Santander

 Fotografía: Felipe Giraldo/La actividad informal trata de seguir en marcha, a pesar de la situación fronteriza el pimpinero tiene que suplir sus necesidades arriesgando su vida.


Fotografía: Felipe Giraldo  / La actividad informal trata de seguir en marcha, a pesar de la situación fronteriza el pimpinero tiene que suplir sus necesidades arriesgando su vida.

Destacado

Realización: Steven Ramírez, Felipe Giraldo y Andrea Lopera

“Uno vive en el patio de la casa con cuarenta pimpinas llenas de gasolina, se necesita sino una de estas para que sea una tragedia. La cultura de esta ciudad es de contrabando y de rebusque”. Dice ‘Tito’ mientras trasvasa el líquido que por fin había conseguido después de varios días, ‘Tito’ se ha dedicado por más de tres años al oficio de contrabandear.

Lo único que se respira en la ciudad de Cúcuta, es un ambiente tenso y agitado, el gobierno venezolano toma la decisión de cerrar la frontera en el mes de septiembre del año 2015,  con esta medida se ocasionan rupturas en la calidad de vida de cucuteños y venezolanos. Ahora no solo se trata de contrabandear sino de obligar a los que ejercen este oficio a planear otras estrategias.

El ‘portón’ como es llamada esta ciudad, tiene una superficie de 1.176 km² y una población de 587.676 habitantes. Cúcuta cuenta con dos pasos fronterizos importantes para el flujo comercial y económico con Venezuela, el puente Simón Bolívar y el puente Francisco de Paula Santander. Maicao, Cúcuta y Arauca hacen parte de los 2.219 kilómetros de una frontera alimentada por la informalidad.

La informalidad siempre ha existido en estos dos territorios, no es algo nuevo, sin embargo, la forma de sobrevivir de los que habitan en este lugar de Colombia en la actualidad ha cambiado.

Colombia tiene un peso que se cotiza más alto con respecto al bolívar de Venezuela, es por esto, que es tan rentable el negocio del contrabando de gasolina y productos de la canasta familiar. En estos momentos se las ingenian para hacerlo de diferentes maneras por el cierre.

Cúcuta es la capital del Norte de Santander, esta es directamente dependiente de Venezuela. Con este cierre, se han desestabilizado mercados y actividades como la canasta familiar, la salud, la educación,  la calidad de vida de los cucuteños y de varias personas en el interior del país.

La impotencia no solo la generan los 40 grados centígrados de temperatura sino las ilusiones evaporadas de una población fragmentada por un 70% de informalidad, un 13,3% de desempleo y un olvido estatal que solo causa sed para seguir contrabandeando. Así lo dice el gobernador de Norte de Santander, Édgar Díaz,  en una entrevista para el periódico El Tiempo el 4 de noviembre del 2015, donde manifiesta que el gobierno no ha estructurado unas políticas laborales.

                   En crisis cada día

 

Fotografía. Felipe Giraldo / en esta especie de ranchos improvisados, los distribuidores de gasolina ilegal, sacan sus pimpinas para vender el líquido.

Recorríamos el Anillo Vial, una de las principales vías donde la informalidad le da vida a los andenes que rodean la carretera, la cual ha sido aliada del comercio ‘ilegal’, que alienta a muchos de los habitantes del ‘Portón de la Frontera’.

El paisaje lo pintan los ranchos viejos construidos en esterilla y una que otra tabla, asemejándose a un local, donde el distribuidor de gasolina vende sus pimpinas que previamente fueron negociadas con contrabandistas que la traen de Venezuela.Una pimpina es un recipiente de plástico que puede albergar unos seis galones de gasolina y con un uso prolongado, le caben siete.

Allí nos topamos con dos hombres que se habían arriesgado a sacar unos cuantos galones de gasolina, temían ser judicializados por la policía que alguna vez también tanqueó en este lugar. José Edier Torres es uno de ellos, con 61 años se ‘guerrea’ todos los días el sustento, la crisis ha disminuido sus ingresos y con diez mil pesos debe de alimentar a su familia. “Antes me vendía sesenta pimpinas, ahora me vendo cuatro, esta situación me tiene ‘manicruzado”, comenta José, confundido.

 

Un estudio sobre informalidad realizado por la cámara de comercio de Cúcuta en el año 2014, muestra que el rebusque es consecuencia de poca oportunidad en el mercado laboral, derivado de una escasa formación escolar y una cultura familiar de ventas callejeras.

Las ventas promedio de las personas que trabajan con el contrabando de gasolina, oscilan entre los 100.000 pesos y 300.000 pesos diarios.  Estas cifras han cambiado después del cierre, en estos momentos un pimpinero por día puede ganarse 25.000 pesos.

              Cómo se mueve la informalidad 

 

‘Tito’ es un contrabandista de gasolina de aproximadamente 36 años de edad que llegó a la ciudad de Cúcuta hace cinco años, escuchó que el negocio era muy rentable en la frontera, sobre todo el de la gasolina y allí se instaló con su familia. Antes del cierre fronterizo trabajaba en cualquier hora del día pero ahora solo lo hace en las noches.

Este trabajo es de riesgo, cualquier persona no lo hace, pero la guardia venezolana les hace la vida más fácil. “La guardia es la que lo llama a uno y le dice, hay vía de tal hora a tal hora, pa’ que pase por las trochas del contrabando, le dicen a uno cuanta mercancía hay. En este momento yo no confió si no en Dios, el acuerdo con el alcalde, la cooperativa y todo eso no sirve de nada, en este momento estamos jugando al gato y al ratón, el que se deje coger pierde”, dice ‘Tito’ con risa irónica. Los contrabandistas trabajan con temor, ya que con la frontera cerrada las acciones de los dos gobiernos tanto venezolanos como colombianos son inciertas.

El ingreso al contrabando es complicado, puesto que se combina con la presencia de paramilitares que controlan el negocio en esta zona según ‘Tito’. Deben ser personas  de confianza, ya que deben guardar información sobre el transporte de la gasolina y otros productos.

Cuenta, que para obtener el puesto de distribuidor de gasolina, tuvo que esperar un año y empezar poco a poco ascender hasta tener su carro propio, y su carnet de Sintragasolina (Sindicato de trabajadores de la gasolina). El combina dos labores, es contrabandista y es proveedor de la gasolina venezolana.

Antes del cierre de la frontera colombo venezolana, era un trabajo que aunque muy agotador y perjudicial para la salud, era rentable y le permitía cumplir con la obligación de sustentar a toda su familia con comodidades. Ahora es más riesgoso y restringido el trabajo, por lo que se ha visto afectado porque hay días que no puede laborar.

‘Tito’ se ganaba mensual cuatro o cinco millones de pesos, ahora sí mucho se gana 500 mil. Su dinero le rendía más, ya que compraba en Venezuela, ropa y comida. Ahora le toca comprar en Cúcuta lo necesario para subsistir mientras espera que la frontera le vuelva a dar la bienvenida.

 

Contrabando de gasolina

 

‘Bicha’ es hermana de ‘Tito’. Ella siguió los mismos pasos de su hermano con la gasolina hace cinco años, pero esto trajo consigo repercusiones en su salud y tuvo que parar de trabajar, ocasionándole manchas en la piel, problemas respiratorios y hasta el daño de zapatos y ropa por el líquido.

‘Bicha’, adecuó un Mazda modelo 91, transformó los asientos del carro dando espacio para empacar desde gaseosas hasta pañales. Al ver que no podía ser contrabandista de gasolina, se convirtió en ‘bachaquera’ (estas personas se dedican a contrabandear productos de la canasta familiar y ropa). La actividad de los ‘bachaqueros’ está en su totalidad parada por el cierre fronterizo, los contrabandistas de gasolina por el contrario si trabajan porque cuentan con las trochas y la Guardia Venezolana negocia con ellos.

‘Tito’ también tiene adecuado su carro con grandes amortiguadores. Cuando el Mazda 91 anda sin su carga habitual de pimpinas, el bumper (parachoques) trasero se levanta y queda empinado, cuando el contrabandista lo carga de gasolina el bumper puede bajar hasta unos 15 centímetros, a su carro le pueden caber unas 25 pimpinas.

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Haga click aquí para ver la crónica: ‘Una noche contrabandeando gasolina y una tarde distribuyéndola

 

 

                                                                                                     Galeria Fotográfica

Otros sectores afectados en Cúcuta por el cierre fronterizo

Familias

 

Fotografía: Felipe Giraldo. Muchas familias fueron sacadas del país vecino y otras se marcharon por su propia cuenta. Sus futuros son inciertos.

Muchas familias en Venezuela fueron despojadas de sus casas de propiedad, de sus enseres, de sus trabajos, de sus hijos y de los recuerdos que allí les quedan.

Los medios de comunicación muestran las realidades a medias. Ayudas del Estado colombiano, el exterminio del contrabando en la frontera y la buena reputación de los dos gobiernos, presentando el contexto mediocremente.

Muy pocas personas saben que la Guardia Venezolana cobraba por cada cama, silla, ventilador o televisor que el colombiano pasaba por el río Táchira, extorsiones entre los 5, 10 y hasta 20 mil pesos para pasar un electrodoméstico. Pocos tampoco saben que el contrabando que se ejerce en la frontera es por la falta de trabajos formales en Cúcuta y que solo resta o meterse de vendedor ambulante, gasolinero o ‘bachaquero’, Esta versión la expresan diferentes deportados del país vecino y habitantes de la ciudad de Cúcuta.

Según un informe  de la Unidad Nacional para la Gestión del Riego de Desastres, las cifras de deportaciones masivas, repatriaciones y expulsiones ordenadas por el gobierno de Nicolás Maduro, además de las personas que voluntariamente han regresado al país por temor a las medidas de las autoridades venezolanas, a la fecha ascienden al menos a 13.138 personas y un albergue con 200 familias, las cuales no tienen un rumbo claro. Se ha generado una grave e inminente crisis humanitaria, social y económica.

Trabajadores y estudiantes, deben de pasar por un control con la policía colombiana y  la guardia venezolana para poder ejercer sus labores, padres colombianos y venezolanos que se levantaban a las 6 am para llevar a sus hijos a las escuelas y colegios de ambos países antes del cierre, ahora deben de madrugar a las 4 o 4:30 de la madrugada, porque deben de caminar un grande trayecto hasta llegar donde estas autoridades y firmas los respectivos documentos.

Temas como la salud no tienen relevancia en este cierre de caminos. Enfermos que son transportados desde Venezuela hacia Colombia, deben esperar en el puente Simón Bolívar de 10 a 15 minutos para que desde Cúcuta vaya un taxi u otra ambulancia para que los recoja. No importa que sean mujeres que ya vayan a dar a luz o personas con infarto, la restricción del paso viola los derechos básicos del ser humano. 

 

Manejo de divisas y comercio

 

Según la cámara de comercio de Cúcuta, “el cierre de la frontera afecta la economía notablemente y la atracción para la inversión en la región”. Hay 250 personas que trabajan en la formalidad que en estos momentos están recibiendo cero ingresos, las casas de cambio son las más afectadas con una máxima probabilidad del cierre, al igual que los cambistas de divisas con un 99% solo en cambio de bolívares y con un  1% en otras monedas.

En el decreto número 1770 firmado por el presidente de la república Juan Manuel Santos del 7 de septiembre del 2015, cita que según la cámara de comercio de Cúcuta, por cada treinta días de cierre en la frontera se generan pérdidas en las exportaciones hasta de USD 3,2 millones, generando que los productores tengan que buscar nuevos clientes para su oferta en el mercado nacional o en otros países incurriendo en costo en la transición.

 

 Canasta Familiar

 

Unos pocos se benefician del cierre fronterizo colombo venezolano como lo son Cenabastos, la central de abastos de Cúcuta, al igual que tiendas y supermercados. Ponen sus precios más altos sacando provecho, ya que los ‘bachaqueros’ no pueden contrabandear los alimentos desde Venezuela por el cierre fronterizo.

Media libra de frijol bolón cuesta 5.500 pesos, diez bananos 3.600 pesos y un tarro de Milo pequeño 11.000 pesos en Cúcuta, comparando estos productos de la canasta familiar con algunos precios de productos en el resto del país se podría decir que hay un aumento del 100% en el precio. El contraste de precios con Venezuela es aún más notorio,pues estos mismos productos podrían costar unas cuentas monedas colombianas, esta es una de las grandes causas del declive en esta ciudad.

 Edison Salinas – Administrador General Cenabastos.

En Venezuela el gobierno subsidiaba los precios de productos de la canasta familiar  como el aceite, arroz, o harina pan, estos se conseguían casi regalados por ejemplo: en pesos colombianos la harina en Venezuela vale 200 pesos mientras en Colombia vale 2.000 pesos. La crisis venezolana es de grandes magnitudes y el desabastecimiento se ve reflejado en los alimentos y electrodomésticos, además de eso el valor del bolívar pone a esta aún más en aprietos.

Los habitantes de la capital del Norte de Santander, esperan solo que la frontera se abra, para continuar con sus labores cotidianas, recordemos que Cúcuta no cuenta con una economía estable y por años ha sido dependiente de una frontera que cuando está cerrada, los despierta en su verdadera situación.

 

 

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