Una noche contrabandeando gasolina y una tarde distribuyéndola


Contrabandista: ‘Tito’

Periodista: Steven Ramírez Quintero

Lugar: Trochas – Río Táchira, frontera colombo venezolana

 

Fotografía: Steven Ramírez /  Pimpinas en el patio de la casas de 'Tito'

Fotografía: Steven Ramírez / Pimpinas vacías en el patio de la casa de ‘Tito’

A eso de las doce y media de la noche ‘Tito’ recibe una llamada, en esta una persona le dice que ya habían arreglado con las ‘boinas rojas’ (ejército contraguerrilla venezolano) para poder trabajar ese día, ‘Tito, entra en mi cuarto y me dice que es hora de partir, me pongo la ropa y esperé que sacara el Mazda 91, el cual lo tenía lleno de pimpinas vacías.

 Con temperaturas entre los 30 y 32 grados en la noche, el cielo se cubría por una cortina de estrellas y una luna que iluminaba todas las casas del barrio el Escobal, donde salimos a unos 40 kilómetros por hora. Algunas calles pavimentadas otras llenas de piedras se tornaban solas y en silencio. El viaje duró unos siete minutos hasta el borde del río Táchira donde estacionamos el carro.

 “Acá no se puede utilizar ningún tipo de luz, ni de carros, ni de motos, ni de linternas, algunas veces prendo el flash del celular pero casi no lo hago” dice ‘Tito’ en voz baja. Escuchar el río crecido, la naturaleza y ver solo el contorno de los cuerpos mezclaron  sensaciones de pánico y nervios en mí.

‘Tito’ tiene un ayudante que pasa por las pimpinas llenas de gasolina hasta Venezuela. Ese día su colaborador llegó en una moto contento y con ganas de trabajar, él se fue primero en la moto y paso la trocha, después de que ‘Tito’ le dijera, “nos vemos allá”. ‘Tito’,me enseñó a como coger las pimpinas.

Tomó dos pimpinas en cada mano pero primero se tenían que acostar en el piso para poder agarrarlas bien, rápidamente hice los movimientos del contrabandista y emprendimos el viaje trocha adentro. ‘Tito’ si utilizó un lazo, amarrando por la cogedera como diez pimpinas y se las echó a la espalda, si yo con cuatro iba incomodo, él con diez pimpinas iba exhausto, lo hace todos los días, esto ya es costumbre para él.

El cuerpo se te llena de adrenalina y se embarca en un viaje, andar por el bosque sin luz, rapta la mente de quienes no lo tienen por costumbre. ‘Tito’ me dice, “hoy la noche está bonita, ¿se imagina cuándo no hay estrellas ni luna y llueve?”.

Nos topábamos con el borde del río, sentía vacíos, en el camino había huecos y desniveles que solo ‘Tito ‘descifraba velozmente, yo iba detrás, mi respiración se agitaba mucho más, percibía personas a mis espaldas, volteaba a cada segundo pero no era nadie. Este recorrido duró siete minutos.

Pasamos por tres ranchos de esterilla, estos estaban juntos, ‘Tito’ me decía que en esos cambuches improvisados los grupos delictivos que controlan la zona torturaban a personas, la energía cuando pasé por los ranchos era pesada, se olía el dolor de muchas personas que allí habían muerto. “hace unos días en la cinta que ve allá pegada en ese árbol masacraron a una persona” dijo ‘Tito’ susurrando las palabras. Era una cinta parecida a la que utiliza el CTI para hacer levantamientos, Con la oscuridad y los hechos contados el corazón latían a mil.

Llegamos a una parte del río donde estaba el ayudante del contrabandista y una docena más de personas que esperaban sentadas en piedras o en las mismas pimpinas vacías. Una sola persona estaba sentada en una silla, este era un jefe paramilitar que comanda esa zona, este hacía varias llamadas a personas que estaban al otro lado del río.

Me senté con ‘Tito’ como todos los demás, 30 minutos después de estar todos en silencio se escucha personas pasar el río Táchira, estas parecían como si trajeran morrales, pensé que eran los ‘Boinas rojas’ pero no lo eran, llegaron a nosotros cuatro personas, todas con sus zapatos en una mano y con la otra sosteniendo la pimpina, el río estaba crecido y sus ropas estaban encharcadas.

El jefe llama a los otros 26 que faltaban por llegar pero seis estaban viendo resguardados en el monte como capturaban a los veinte restantes. Ese día los paramilitares negociaron con las ‘Boinas rojas’ pero tuvieron una visita de la POLFA (Policia Fiscal y Aduanera) y no se pudo hacer el negocio, ni el contrabando de la gasolina.

Las personas que están allí manejan un nivel de incertidumbre indescriptible, a todo momento piensan que los van atacar y la oscuridad es otra factor para dudar más.

Los paramilitares les cobran por noche entre 10 y 20 mil a los contrabandistas en esa zona para poder trabajar. Ese día ‘Tito’no pudo traer pimpinas llenas pero si tuvo que dar la cuota al jefe y además de eso tuvo que dar explicación de mi presencia, el contrabandista dijo que era su primo y que le estaba ayudando esa noche. La noche siguiente si ‘coronó’ con 40 pimpinas llenas de gaolina venezolana.

Nos quedamos en lugar otros 30 minutos y nos fuimos, tomamos de nuevo las pimpinas, varias de las personas que estaban allí también se fueron. Al regresar, ‘Tito’ grabó con su celular los ranchos que habíamos pasado, al entrar el contrabandista pudo observar como dentro de un rancho había una persona sentada en una banca, fue tétrico, el dejó de grabar y me dijo silenciosamente lo ocurrido y adelantamos el paso, la persona que estaba en ese lugar según informaciones cercanas a ‘ Tito’es un informante.

‘Tito’ le toca arriesgar todas las noches su vida, el tiempo y el dinero, a este contrabandista para poder sobrevivir debe rebuscarse en el ‘portón de la frontera’. La noche siguiente si ‘coronó’ con 40 pimpinas llenas de gaolina venezolana.

Volver a Cúcuta: portón de informalidad

Comparte la publicación
Tweet about this on TwitterEmail this to someonePin on PinterestShare on Google+Share on TumblrShare on LinkedInShare on Facebook

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>