Música y andén, el saxofonista de la sexta


“En una buena noche, pues es que hermano, las buenas noches ya se fueron y no volvieron. Hubo tiempos de bonanza, o buenas noches, o buenas tardes y me parece raro”.

saxofonista

Por: Steven Morales Palacio

Colombia es un paraíso jodido. Levanta su cabeza, mira al vacío, apresa el saxofón con sus manos y respira hondo. De entre las entrañas de bronce, brota la música, que se va en el aire, despeinando las ideas, las conversaciones, los amores, los tragos y al final, cuando la melodía termina, nadie aplaude. Para él, hacer en el plano artístico siempre es positivo. Todo sigue igual, el país siempre ha estado mal.

“¡Claro que si se puede vivir de la música!, como dice mi mamá, de lo que uno se proponga vivir, vive”. Avimelec Jaramillo, es estudiante de música y saxofonista por vocación, tiene 29 años y es padre de dos retoñitos, Juana y Omajao.  Vive con Mercedes, su mujer, a quien conoció en Buenos Aires. Es amante del lenguaje del Blues y músico callejero. Para él, la música es vocación, estudio, conocimiento acumulado, práctica, y a su vez, una vía para satisfacer sus necesidades económicas, pues reconoce algo de salvaje en el humano, “salimos a casar o a camellar, en mi caso a tocar”, luego de una buena tonada, se lleva unas monedas y después va a la tienda. Deja el dinero y sale con paquetes llenos de comida, “a lo natural”.

“Yo no diría que el lenguaje de la música es superior, hay quienes dicen que la música es el lenguaje del alma y también el lenguaje universal. El lenguaje verbal es también importante, somos lenguaje, ¿Qué podemos decir del lenguaje?, si somos el. Pero, para mí, la música es la sal de la vida, es lo que le da sabor. La música toda es muy linda”. El lenguaje del blues es de su agrado, aunque como dice el, no lo ha experimentado mucho. En ocasiones, cuando el toca una cumbia, el llanto negro que a su vez tiene algo sensual (Blues), invade la melodía y lo conduce a un lugar, compás, ritmo u onda, que no es necesariamente el de la cumbia.

En la ciudad, conoce a gran cantidad músicos, unos que le echan sal a la vida, otros no. Para el, lo importante es hacerlo a conciencia y por ello siempre se ha rodeado de buenos músicos. Se considera hijo de la escuela de música de la UTP, siente que hay mucho por discutir sobre la situación actual de la universidad, pero “hay también bastante que agradecerle”.

“Yo toco en bares hace unos 5 años, hoy 21 de enero, salí a las 6pm, a casar. Donde veo a un grupo de gente, me mando. Me fui por la cuarta, luego por la sexta, atravesé de norte a sur la ciudad, buscando donde hubiera gente, quería reunir dinero. Cuando entro en los bares a tocar, solo toco dos canciones, es algo muy corto, igual trato de crear un ambiente mágico. Los lugares que me parecen interesantes para ir a tocar, son Sabor y Arte, el Rincón Clásico y donde Fabián, que a veces deja tocar. Son lugares luqueros, no es como en los bares. A Sabor y Arte van profesionales, licenciados y ejecutivos. Al Rincón Clásico van estudiantes y profesionales. En los bares, por ejemplo ese que está en la sexta con 24, no sé, es una mescla de todo y de nada, la esquina es un poco ruidosa. En esa cuadra, me parece que lo que hay es negocio, porque realmente de cultural no encuentro mucho, me parece que no pasa nada. Hay un par de negocios bien montados, ponen música, son bonitos, pero ¿qué hay ahí?, cerveza, cigarrillo, marihuana, comida chatarra, en fin. ¿Qué pasa realmente en el fondo?, para mí no pasa nada”.

¿En general cuanto se levanta en una buena noche? “En una buena noche, pues es que hermano, las buenas noches ya se fueron y no volvieron. Hubo tiempos de bonanza, o buenas noches, o buenas tardes y me parece raro, porque andábamos en grupos numerosos, de 4 o 5 músicos y nos quedaban de a 80.000 pesos a cada uno, a veces hasta más y es por ratos, pues es muy relativo, en un momento se puede uno hacer ese dinero, como también pueden pasar semanas en las que se gane muy poco dinero. Ah yo no le he contado, yo ya estuve en el sur”.

En el sur

En el pasado, Avimelec había estado en Ecuador, pero a principios del 2008, decidió emprender el viaje hacia el sur. Un viaje que comenzó en la trasnochadora y morena, y llego hasta uno de los confines del mundo, la tierra de fuego. Atravesó cinco países y la fastuosa cordillera de los andes que divide sur América en dos, con sus nevados, cerros y volcanes.

“Yo ya estuve en el sur, eso fue toda una aventura, muy bonita, muy loca, muy rápida, muy viva, muy real, muy fugas. Fue en enero del 2008, arranque ese viaje hacia el sur, ya había estado en Ecuador, pero esta vez seguí a Buenos Aires y estando ahí, continué a la provincia de La Pampa y termine en El Bolsón, un pueblo re lindo de la Patagonia. Para el viaje, me lleve el saxofón, mi guitarra, unas partituras y algo de ropa. Llevaba el saxofón en una cajita de madera y en Ecuador, me sentí muy pesado. Dejé la caja del saxofón y el sleeping. De Ecuador para abajo me fui re liviano, fue una locura haber dejado el sleeping pero me quería ir liviano, metí el saxofón en la mochila con la ropa, la guitarra la apresaba con una mano y la otra me quedaba libre, iba suelto”.

Se fue de la mano con la música en su travesía. Permaneció en Ecuador tres meses, el límite permitido por la visa de turista, y así se la paso de país en país, estando el tiempo que su voluntad o los arabescos burocráticos lo permitiesen. Su experiencia con la música extranjera, fue muy poca, pues la mayor parte del tiempo debía estar alerta, consiguiendo dinero para la comida y el hospedaje, “no tenía respiro, no es fácil, te desgasta el ritmo, estar todo el día en la calle tocando, a veces bajo el sol, las caminadas, no dormir bien a veces, pero… también se disfruta mucho, se conocen lugares lindos y se parrandea mucho, igual lindo es lindo, momentos muy bonitos”.

Luego de un año de viaje, al llegar a Buenos Aires, a principios del 2009, decide estudiar. Ingresa al Instituto Universitario Nacional del Arte, conocido por las siglas IUNA. Su ingreso no fue un proceso tortuoso, pues a diferencia de las universidades publicas colombianas que se encuentran en un proceso paulatino de privatización, la educación pública universitaria en la Argentina es gratuita y “el que quiere estudiar, estudia”.

Estando matriculado ya en el IUNA, inicia sus estudios el primer semestre del 2009, ya que el haber estudiado antes licenciatura en música, le ayudo a homologar la fase introductoria. Su profesor de saxofón, es el compositor, saxofonista y flautista argentino, Fernando Lerman. Para Avimelec, un “tipo muy riguroso y serio”, pues reconoce, que él no es muy aplicado en la parte técnica del instrumento y que su saxofón, “no es un buen saxofón”.

De las tantas anécdotas que cuenta Avimelec, hay una que a la simple modestia del cronista, debe ser traída a colación. “Me acuerdo de una vez, estando en Buenos Aires, en Santelmo que es un barrio muy lindo de allá, tocaba yo en una plaza y se me acerco un señor, me dio una propina, creo que fueron 5 pesos y me dijo, -por favor no toques más-, -que estás haciendo-, no le encontraba sentido a mi música. Yo lo escuche, lo recibí y creo que reboto, pues como el contados con la mano. Porque personas que se han agradado de lo que hago, no los puedo contar, ya perdí la cuenta”.

A finales del 2009, por motivos económicos y familiares, Avimelec decide volver a Colombia. “Me devolví porque mi hermana se casaba en diciembre y por ese entonces mi mujer estaba esperando bebe y estábamos en problemas con la familia de ella. Mi mujer es argentina, yo la conocí a ella en Buenos Aires, yo, vivía con ella y su hermana. Yo no estaba trabajando y se presentó la opción de devolverme, mi mujer se vino conmigo, la cosa estaba como jodida”. (Todos nos vamos para volver)

La filosofía del intérprete

Algo que todo buen músico sabe, es que algunos días el sonido no responde, las cosas no suenan bien, hay algo que incomoda. Nuestro saxofonista, acepta que su saxofón está muy castigado por los años y el uso, pero también, que algunas cañas funcionan mejor que otras y eso puede influir en el sonido y la mística del ambiente.

“Hoy hermano, salí, con la idea de trabajar por la tarde, me pare a tocar en la sexta con 22  y el sonido no me daba, ¡la caña!, me toco parar varias veces a mover la caña, zafarla, moverla y nada. No pude encontrar el sonido, creo que la caña no es funcional, porque puede ser buena o regular, pero como que nada. En esos momentos, pedirle a las divinidades una guía, después fui a otro lugar y todo fluyó”. En esos casos, Avimelec cree que algo más allá ayuda, algo más allá de lo que somos. El cree que hay un poder humano del hacer, “poder en las manos”, pero también reconoce y cree que hay algo más allá de nosotros, “somos fruto de”. En el aspecto universal, el cree que “somos parte de un todo, un todo que es parte de otro todo también, la música es parte del todo, la música, la ciudad”. ¿Qué es mejor, un día soleado o un día lluvioso? “los dos son mejores”.

¿Y el licor?, “El trago empantana la mente pero a veces es bueno reposar, porque uno como maquinita. Si algo me gusta hacer, es sentarme, estar quieto, tomar aire para seguir el camino”.

Esa noche, la entrevista fue en el rincón clásico, que se ubica en la segunda con 22, “el estilo de este lugar (Rincón Clásico) me gusta, me gustaría tener algo similar. Vivir como vive don Olmedo, esta es su casa, está y mueve la economía, me gustaría algo así, re lindo. Lo mío es ir en busca de y quisiera llegar a un momento en el que no tuviera que ir a buscar nada, que de alguna manera las cosas me lleguen, estar quieto pero realmente estar también haciendo, es como la tendencia oriental, la quietud, pero dentro de esa quietud hay todo un movimiento. No cronista, yo me voy a mover, aquí no pasó nada”.

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