Sobre el olvido


“Todo se empantana y se pierde en una marea

de olvido y de indiferencia. Y no pasa nada. Es el

olvido de la sangre lo que hace que siga corriendo”.

Antonio Caballero

Marcha por la paz 9 de abril (2)

Por: Steven Morales Palacio

Hace unos días escuché que en el Catatumbo hubo hornos crematorios, también dijeron por ahí que las fosas comunes son lugares terribles, muertos y más muertos es lo que oigo decir en conferencias, prensa, radio y televisión. Nos levantamos y en la radio hablan sobre un atentado, luego al caminar por la calle vemos en los tabloides la foto del muerto, al mediodía, hora de almuerzo, mientras comemos muestran una masacre en el noticiero, ya en la tarde un conferencista habla de las fosas comunes y así son nuestros días: violentos, aburridos, indiferentes, suspendidos en el discurso de la muerte.

Más adelante voy a comentar sobre violencia. Que nuestros días sean o no tediosos eso depende, Fernando Vallejo diría que la vida es una perdedera de tiempo, da igual para él. Por ahora me quiero referir a la indiferencia, al olvido, a la desidia. ¿Cuándo nos volvimos indiferentes frente a la violencia?, esta pregunta me la he hecho sin fin de veces y en el camino he encontrado algunas respuestas.

Sobre la indiferencia

“Colombia no tiene perdón ni tiene redención. Esto es un desastre sin remedio”, Fernando Vallejo.

En todo desastre hay culpables y del caso colombiano podemos mencionar algunos: los medios de comunicación, los políticos, los empresarios, la religión, el gobierno, los colombianos, tú, yo, todos somos responsables, nos hicimos los de la vista gorda y así fuimos olvidando.

En los medios a fuerza de tiempo y sangre el tema de la violencia se fue volviendo costumbre, nos habituamos a ver cuerpos sin cabeza, a ver las calles cubiertas de sangre, a ver hombres desmembrados, etc. Así se nos volvió rutina, ah y el lenguaje, por un momento lo olvidaba, los medios trabajan con él, el lenguaje también es culpable, pues se ha vuelto vil. Con él, describimos las masacres, el  nombre de los muertos, cómo asesinaron; nos ha servido y servirá para nombrar la infamia, con lo que se vuelve cómplice. ¿Dónde están los escritores condenando la muerte?, ellos trabajan con el lenguaje.

Los políticos nos han dicho que no hay conflicto armado, que en Colombia no hay desplazados sino migrantes, que las autodefensas se desmovilizaron cuando la realidad es otra. Las AUC no se desmovilizaron, simplemente cambiaron de nombre, les dicen BACRIM. Esa raza impoluta ha tramitado proyectos de ley que lapidan la verdad, ah si la verdad, esa que hace mucho se perdió, la ley de Justicia y Paz es la máxima expresión de impunidad.

Los padres de la patria como los llama HH, bofetean día a día a la sociedad y a la verdad, ellos la extraditaron, enviaron a los criminales –valga aclararlo- más asesinos en la historia colombiana, con lo cual los crímenes cometidos quedaron en el olvido. Valga aclarar que una parte de la verdad reciente, pues no quiero olvidan los muertos de hace 50 y 200 años, pero para efectos de este ensayo me toca acortar.

Con la verdad al otro lado del mar, ¿a quién le va a importar, a los políticos, a los medios?, ¿dónde está la religión?, compadre la religión girando camándula, desvirgando niños y tomando vino de consagrar. La iglesia católica fue quien crió a los padres de la patria, sí esa raza de ropas y alma negra que predica con una mano y martilla con la otra; a mí lo que me gustaría saber es si les enseñaron a robar, a matar, a atacar. Claro que sí, uno no saca agua de donde no la tiene, no hay institución más infame que la Iglesia Católica, ella ha quemado, robado y matado en el pasado.

Sobre la impotencia

Y los colombianos ¿qué?, tú, yo y ellos, todos hemos colaborado. Frente a la violencia nos hemos manifestado y qué pasó, nada. El que nada suceda, el que todo siga igual genera agotamiento, me gustaría ver a la primera denuncia que haya sido atendida con lo cual algo haya cambiado. No la hay y por ese simple hecho somos cómplices, el pensar que no vamos a ser considerados nos hace callar.

A ver, ¿han sido escuchadas las víctimas de los Paramilitares, de las FARC, de las bandas criminales, de la violencia urbana?, ¿ha habido justicia?, claro que sí compadre, en expedientes y cajas de cartón –en ellas guardan los restos óseos sin identificar-, eso es la justicia, una montaña de 2,5 millones de expedientes.

Sobre la memoria y la reconciliación

Olvido, impotencia, ¿qué más nos falta?, la esperanza. En el pasado creía que la vida no tenía sentido y que todo estaba perdido. Pues bien, he cambiado de parecer, creo que para hacer frente al olvido hay que recordar y tratar de traer la verdad. Recordar a las víctimas de la época de la violencia, de las masacres cometidas por las FARC, a los desaparecidos por cuenta de los Paramilitares, a los jóvenes asesinados en las calles por las pandillas, a los políticos que han querido verdad, se me viene a la mente Álvaro Gómez Hurtado, etc., ¡recordar!.

 

Se empieza creo que por recordar, luego por reconocer que fuimos culpables, permisivos y olvidadizos, dejamos que la infamia pasara por un lado y no dijimos palabra. Al recuperar la palabra le sigue el habla, contarnos la verdad, buscarla, encontrar a las personas que se han beneficiado de la guerra, escuchar sus razones, las de este lado como las del otro lado, las de los afectados, para así tratar de llegar a la reconciliación.

Pero bueno, si usted habla de impotencia, entonces ¿cómo le vamos a hacer? Podríamos empezar por votar en blanco, por exigir nuestros derechos, por mostrarnos inconformes, por desobedecer, para así tratar de alterar el orden de las cosas. Creo que la desidia y el olvido han echado raíces en nuestra sociedad, haría falta una gran conmoción para despertar. Votando en blanco les demostraríamos a los políticos que no los queremos, ni a ellos ni a sus planes de gobierno, que estamos cansados de que pongan sus intereses por encima de los de nosotros.

Exigiendo nuestros derechos, el empresariado y el gobierno verían que somos humanos, que sentimos, en fin… creo que es perturbar la cotidianidad, restituir el sentido de la vida, recordar lo que fuimos para así pensar hacia dónde vamos, no olvidar.

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