Arte: narrador invisible del conflicto


Esta es la obra de tres artistas colombianos que por medio de sus obras aportan a la historia de la guerra y el conflicto armado para que esta sea conocida

arte copia

“Nosotros éramos muy humildes, éramos campesinos, mi papá tenía una finca y yo le ayudaba a él a bajar plátano y en marzo 24 se metieron los paramilitares y se iban a llevar a mi hijo de 7 años, yo me lo monté en el hombro y me tiré al río. Cuando pasé el río vi cómo masacraron a mi papá; a mi hijo, el mayor y a mis hermanos. Una cosa es ver las fotos sobre cómo fue toda la tragedia, otra cosa es vivirla”. Este es el testimonio de Javier Enríquez, un mapiripense que observa el ‘El Testigo’.

Javier Enríquez, oriundo de la vereda Bocana en Mapiripán Meta, fue víctima de esta oleada de masacres que afectaron el país. Al igual que él, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, existen otras 6.433.115 personas desplazadas en Colombia. Javier vive en Bogotá desde hace 16 años. en La Masacre de Mapiripán en 1997 vio a su padre, a su madre, a su hermana mayor y a uno de sus hijos ser masacrados por líderes paramilitares de las AUC, quienes también le provocaron la muerte a otros 27 civiles de la zona. Tras vivir en varias ciudades del país, y dormir en las calles, llegó a Bogotá con su hijo menor quien aún se ve afectado por las secuelas de aquel suceso.

Artista: Jesús Abad Colorado

Artista: Jesús Abad Colorado

Mientras observa ‘El Testigo’, se nota un poco angustiado, al ver las imágenes tan explícitas que se encuentran colgadas en las paredes del Claustro de San Agustín, recrea nuevamente las consecuencias del suceso.
“Yo todavía tengo el trauma, ya hace más de 20 años y eso no se le olvida a uno, todo eso le queda en la mente. Mi hijo estuvo con psicólogos, hasta que se fue adaptando, no puede ver nada de militares porque queda ´sicosiado´, actualmente él vende artesanías en la calle. Lo único que tenía era a mi hijo, no tenía nada más”. Gracias a un guerrillero urbano que lo acogió en su llegada a la capital, Enrique pudo conseguir trabajo, ahora vende tintos en su localidad y es líder comunitario de la misma.

Según el Registro de la Unidad para las Víctimas, la cifra de personas víctimas del conflicto armado en Colombia llega a 7.936.566 , entre ellos un total de 262.197 muertos, de los cuales 215.005 eran civiles. Estos delitos fueron realizados por parte de los paramilitares, guerrilleros e incluso el Ejército Nacional de Colombia. Esta problemática ha sido motivo suficiente para que artistas como Jesús Abad Colorado, César López y Doris Salcedo sean narradores de las cicatrices que el conflicto armado ha dejado en el país y cómo las víctimas han aprendido a vivir con ellas.

La obra ´El Testigo´ de Jesús Abad Colorado es un registro de más de 500 fotografías impresas en papel alemán avaluado en alrededor de 300 millones de pesos y repartido en cuatro salas diferentes. La primera sala tiene por nombre ‘Tierra callada’, allí se encuentran fotografías sobre el desplazamiento forzado; la segunda se llama ‘No hay tinieblas que la luz no venza’, muestra las familias que hacen parte de las 68.431 que fueron desplazadas forzosamente de sus tierras; la tercera ‘Y aun así me levantaré’, donde se encuentran registros sobre todos los tipos de violencia que sufrió la población civil, y la cuarta es ‘Pongo mis manos en las tuyas’ que habla sobre los acuerdos de paz del 2017 y el posconflicto.

Masacres, secuestros, violencia sexual, minas antipersona, asesinato de líderes sociales, entre otros, son temas que ha capturado su lente durante sus 25 años de trayectoria. Abad eligió al Claustro de San Agustín de la Universidad Nacional de Colombia , por su ubicación cercana al corazón del poder público colombiano.

Al día se acercan alrededor de 500 personas para admirar aquella exposición donde se muestra sin censura la realidad del país en épocas violentas, teniendo como protagonistas a los campesinos, quienes, según Abad, son los grandes héroes del país, pues para él, merecen más respeto ellos que los ministros y la gente que le hace mal al país por un bien propio. Pensamiento, ojo y corazón, estos tres elementos, son para Jesús, los más importantes a la hora de documentar un suceso de tal magnitud, pues al conmoverse con todos estos testimonios, les hace un homenaje a los más de 3.441.664 hombres y 3.301.848 mujeres víctimas del conflicto.

asistentes a la exposicion

“Las fotografías son pulsaciones del alma, y este trabajo es hecho a pie, como se hace el buen periodismo”, Abad fue hasta los lugares más alejados de Colombia para darle una voz a aquellos que perdieron a sus familiares en manos de grupos armados.

“Escuchar a una madre, a un padre, a un hijo, a alguien que quiera contar qué pasó, a alguien que está pidiendo explicaciones, a alguien que está denunciando que su hijo fue disfrazado como guerrillero, que un día salió de Bogotá, salió de Chimulito o salió del oriente antioqueño y dos días después apareció asesinado o nunca más volvió a aparecer y un año después le dijeron que estaba enterrado en una fosa común en Ocaña, Norte de Santander, en el Meta o en Urabá” Agrega Abad

Cuesta creer que esta guerra fue tan cerca, estos registros parecen ser tomados en otros países, parecen ajenos a la realidad. En lugares como Mapiripán, Bojayá, El Salado, San José de Apartadó, El Placer, Toribío y Medellín, han sucedido las masacres más cruentas de las 4.210 que se han contado durante más de cinco décadas de acontecimientos violentos, según el Centro Nacional de Memoria Histórica.

El registro hecho por Jesús Abad Colorado es una de las muchas formas que tiene el arte de hacer un proceso de memoria histórica sobre la violencia en Colombia, en la mayor parte de su reportería, él era el único periodista que estaba en el lugar del suceso, el único que mostró un antes y un después en la vida de las comunidades, porque no solamente se muestra la guerra, sino cómo esta personas superaron lo que sucedió y bailaron sobre el piso donde alguna vez recogieron sus muertos.

Tal y como le Sucedió en Bojayá en Chocó, donde la guerrilla de las FARC asesinaron a 217 civiles, la mayoría de ellos en una iglesia, recinto donde años más tarde se reunieron a bailar como superación de la guerra.
Jesús Abad se acercó a las comunidades para conocer las historias de las personas que están en las fotografías y esas mismas historias las plasmó en las paredes de la exposición como muestra de la historia.

A escasas 3 cuadras de ‘El Testigo’ se sitúa ‘Fragmentos’,  la séptima obra de la escultora bogotana Doris Salcedo. 37 toneladas de armas que en su mayoría son fusiles de modelo AK-47 los cuales fueron entregadas por la antigua guerrilla de las FARC en junio de 2017 durante el evento de dejación de armas, este fue último punto de el Acuerdo de Paz firmado entre excombatientes guerrilleros y el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos.
Fragmentos

Estos fusiles fueron fundidos y moldeados por manos de 20 mujeres víctimas de abuso sexual por parte de hombres armados. Estas mujeres martillaron la lámina fundida de las armas para así formar lo que sería el suelo del contra-monumento, el cual se convirtió en un museo de arte contemporáneo y memoria que tiene como objetivo “crear diálogos a partir de una plataforma física y conceptual que propone una reflexión constante sobre los efectos y rupturas del conflicto armado colombiano” así lo definió Doris en su discurso de inauguración del museo.

Doris aclara que esta obra se define como contra-monumento porque no busca exponer lo majestuoso o lo monumental que podría ser, como la palabra lo indica, un monumento. Lo que ella quería con esto, era “crear un lugar que entrelazara los conceptos de superficie, silencio, vacío y ruina, los cuales muestran una versión épica de nuestra historia reciente”. Según Salcedo “este lugar tiene una escala humana que gracias a la paz nos permite a los colombianos pararnos sobre una nueva realidad” así lo afirma en una de las paredes del museo.

Para estas mujeres el hecho de que se fundan las armas da una esperanza, de que nadie vuelva a pasar por lo que ellas pasaron. Por medio de esos golpes que le dieron a las latas de las armas fundidas sacaron la ira y el sufrimiento que tenían dentro. Este proyecto aportó a que ellas entendieran que nunca iban a perder su valor. Así lo narran las mujeres partícipes del proyecto en el producto audiovisual que se proyecta en el contramonumento.

Imagen tomada del portal Casa America Catalunya

Imagen tomada del portal Casa America Catalunya

Por otro lado se encuentra ´La Escopertarra´, un instrumento creado por el músico César López, el cual le dio la fama de activista y gracias a esto se convirtió en el músico que abrió el ya mencionado evento de dejación de armas de las FARC en junio de 2017.
Este objeto que se utilizaba para la guerra, ahora simboliza la paz y la vida del posconflicto; está hecha de un fusil AK-47 transformado en una guitarra. Su fin es el de transmitir un mensaje pacífico, para que los hombres pertenecientes a cualquier grupo armado entreguen las armas y exista la paz.

“El intento mío, más que transmitir un mensaje es permitir que a partir de mi obra pasen los demás”. En sus canciones, César hace alusión a la esperanza, al perdón y a sucesos de la guerra en Colombia, historias que le han contado en su acercamiento con quienes la sufrieron. “(…) hay que callar los fusiles, mataron cientos de miles” es una parte de una de sus canciones que lleva como nombre ‘Fin’, esta canción habla acerca de lo sucedido en los tiempos de violencia y de todos los hechos del posconflicto.

“La guerra está arraigada en la cultura colombiana, se toman actos de violencia como si fueran cotidianos y son justificados por esta misma cultura. La guerra se nos metió por muchos lugares, en nuestra manera cotidiana de vivir”. Desde la educación de los padres se ve reflejada la violencia y la superioridad de unos sobre otros, explica César.

López se ha dedicado en sus 20 años de trayectoria musical al servicio y ayuda de jóvenes y niños que se han visto afectados por el conflicto armado colombiano. Según él, ellos pueden cambiar esta problemática por medio del arte. La música se puede brindar como un medio para dar a conocer problemas que tiene una comunidad e impulsar a los demás a creer en la causa que es la paz.
“(…) tu vas a Pereira, a Yopal, a Putumayo, a Libertad en Sucre, o a Quibdó y te encuentras ‘pelaos’ que cantan lo que le está pasando a su comunidad, pero esos no son los que aparecen en la televisión”.

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica hasta el 2017, se contaron reclutamientos forzados de 17.804 menores de 18 años, enlistados en las farc, el ejército y los paramilitares. EI ICBF reportó la atención de 5.156 niños, niñas y adolescentes desvinculados de grupos armados entre el 10 de noviembre de 1999 y el 31 de marzo del 2013, el 17% de los menores de edad fueron rescatados por la Fuerza Pública y el 83% se entregó voluntariamente. El 72% son hombres, y el 28% mujeres.

A partir de los testimonios de los niños, niñas y adolescentes que son parte del programa, se identificaron como principales reclutadores a las FARC, con 3.060, luego a las AUC, con 1.054 y por último al ELN, con 766 casos. Estas cifras fueron suficiente motivo para que César se viera interesado en trabajar con esta comunidad de niños afectados por la guerra colombiana.

El arte que hace Jesús Abad, Doris Salcedo y César López está en Colombia para abrir los ojos de quienes no han logrado ver o simplemente no quieren ver todo lo que ha dejado el conflicto armado colombiano, también para darle herramientas e historias a los colombianos, para que ellos mismos tengan un criterio y vean cómo la situación puede cambiar, por medio de la educación, no necesariamente en el arte, sino el aprendizaje con ánimo de darle el valor que tiene al otro. Hablar de la guerra es importante, pero también es importante hablar de cómo otras formas de violencia se justifican en las calles, no solamente son los muertos, sino las personas que promueven el odio.

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