El Faenza, un Teatro que trasciende en el tiempo


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Cerca al centro histórico de la ciudad de Bogotá existe un lugar lleno de arte e historia, se trata del Teatro Faenza, un edificio de influencia italiana construido con expresiones arquitectónicas de art noveau que pese a los años se ha mantenido en pie exactamente en el mismo lugar de su creación. El Faenza fue fundado el 3 de abril del año 1924 en la localidad de Santa fe, en la Carrera 5 con N° 21-38, donde antes quedaban las instalaciones de una antigua fábrica de loza llamada “Faenza’’, la cual adquirió este nombre por la ciudad italiana Faenza, célebre por sus cerámicas de loza fina.

Su fundador José María Sainz ante la llegada del cinematógrafo proveniente de la modernización europea y estadounidense, decidió construir en su fábrica un espacio que fuera escenario para proyecciones cinematográficas y también para representaciones teatrales, recitales, conciertos y encuentros sociales. Con el tiempo el Faenza se convirtió en el primer teatro de proyección cinematográfica de la ciudad de Bogotá y un referente cultural e histórico del país.

Años después, en 1945, la compañía de José María Sainz decidió vender el Teatro, apartir de ese momento empezó su decadencia, no solo por los intereses económicos de sus dueños de turno, sino por el deterioro del centro de Bogotá y por la movilización de las familias bogotanas a otras zonas de la ciudad. Debido a esto, durante los años 90, el Teatro se convirtió en un espacio de dispersión donde se proyectaban películas de mala calidad, pornográficas y delincuenciales, incluso se sospecha que en su interior se grabaron varias escenas de mutilaciones, violaciones y encuentros sexuales.

Blanca Leonor Giral, administradora actual del Teatro Faenza manifestó que esta “fue una de las etapas más críticas del Teatro. En los años noventa, el Faenza terminó siendo un espacio para encuentros de homosexuales. A parte de todas las proyecciones de cine porno que se realizaron allí, cuenta la historia que se reunían las personas y tenían sus encuentros sexuales.”

Sin embargo, gracias a su esencia arquitectónica y su gran trascendencia histórica, en el año 1975 el Teatro fue declarado como Monumento Nacional y como Bien de Interés Cultural, lo cual lo salvó de su desaparición. Tiempo después, en el año 2004, la Universidad Central de Bogotá ganó la licitación con el propósito de restaurarlo y conservarlo como un referente histórico de la ciudad.

“En el pasado el Teatro fue utilizado para muchas cosas que no eran apropiadas, pero gracias a la intervención de la Universidad Central, el proceso de restauración sigue adelante y se ha tratado de culturizar este espacio haciendo varios conciertos y eventos que ayudan a que siga teniendo la misma importancia que tuvo años atrás’’ dijo Johan Monzón, funcionario de la Universidad Central.

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Uno de los grandes retos a los que se ha enfrentado la Universidad Central durante este proceso ha sido conservar su esencia arquitectónica y sus elementos originales: “Al Teatro no se le puede hacer ninguna modificación significativa por ser destacado uno de los predios o edificios más atractivos e históricos de la ciudad de Bogotá” dijo Blanca Giral.

De igual manera ha sido un arduo trabajo el renovar toda la pintura mural y los arabescos con los que ha contado el Teatro desde su fundación, “el Teatro prácticamente estaba que se caía -dijo Blanca-, y empezar a rescatar toda su pintura, sus frescos y su yesería, como fue diseñada en un principio, no ha sido tarea fácil. Al teatro se le han quitado alrededor de 20 a 25 capas de pintura en todo su contorno y ahí es donde se puede apreciar la belleza de la pintura y los murales con los que fue pensado.”

Según Blanca Giral durante el proceso de restauración se encontraron pedazos de loza y de pocillos, cartas de amor, algunos rollos de películas que fueron tomados por la Universidad como reliquia, afiches, algunos planos y archivos documentales que permitieron que la Universidad tuviera contacto con los familiares de Luigi Ramelli, artista suizo que elaboró toda la pintura y yesería del Faenza, de esta manera lograron obtener algunos planos y diseños originales del Teatro. Lastimosamente, después de varios años de trabajo continuo, la Universidad tuvo que interrumpir el proceso de restauración por la falta de recursos económicos necesarios para restablecer un teatro de la magnitud y calidad arquitectónica del Faenza.

En la actualidad este teatro es un escenario dotado con tecnologías y comodidades modernas, la tarima tiene la capacidad de acomodar una orquesta de 124 músicos, cuenta con puertas, ventanas y cubiertas diseñadas para aislar el recinto del sonido exterior, lo que garantiza una acústica de alta calidad y también posee avanzados recursos de iluminación y escenografía. Además, se espera que en los próximos años, en el balcón general del tercer piso, se adecue un café con vista al escenario y que se instalen sillas removibles que el público puede acomodar de acuerdo al tipo de evento.

Sin embargo, pese a todas las mejoras, desde que El Faenza fue adquirido por la Universidad Central, ha dejado de ser de acceso público, en este momento sirve de escenario para actividades de la Universidad como presentaciones de obras de teatro y conciertos de la orquesta institucional y para eventos privados como reuniones sociales, quince años, bodas, grabación de videoclips, presentación de compañías internacionales, lanzamiento de productos y reforzamiento de marcas.

 

Miriam España, una mujer bogotana que vivió gran parte de su vida frente al Teatro cuenta que este solía ser un sitio de encuentro cultural gratuito para niños y jóvenes. “Durante muchos años fue el sitio de grandes eventos de la ciudad -dijo ella- y quienes más asistían a teatro eran los niños. Cuando la Universidad lo adquirió, lo que hicieron fue mantener la fachada como un proceso de rehabilitación y hubo un cambio muy grande al interior, además de que su uso ahora es únicamente para eventos privados o de la Universidad’’.

De igual manera Luis Carlos Quintero dijo que cuando era niño visitaba con frecuencia el Teatro. Recuerda que era bastante rudimentario y sencillo, estaba conformado por bloques y paredes muy ordinarias y tan solo costaba un peso la entrada. Un día antes del aniversario de 95 años del Faenza, Luis Carlos intentó repetidas veces ingresar al Teatro, pero le fue imposible y tuvo que marcharse: “Aquí se debería difundir un poco más el arte para la gente de la tercera edad y para los niños. Lastimosamente el teatro está cerrado casi siempre, solamente se utiliza para exposiciones, simposios y eventos privados.”

Lo cual evidencia que, aunque el Teatro Faenza ha logrado mantenerse como un referente cultural de la ciudad y como un espacio de suma importancia para la historia de Bogotá, de cierta manera ha perdido su esencia tradicional, hoy en día su acceso es privado y alquilarlo para eventos importantes cuesta alrededor de treinta millones de pesos, lo cual ha generado inconformidad por parte de los bogotanos.

La Universidad Central actualmente tiene en su poder tres teatros históricos, el Teatro México, Teatro de Bogotá y Teatro Faenza los cuales adquirió con el objetivo de restaurarlos y revalorizarlos. Su proyección a futuro con estos teatros, que quedan ubicados en la misma calle, es generar el corredor de la cultura en unión con las universidades de los alrededores como La Universidad de los Andes, La Jorge Tadeo Lozano, la Externado, la Universidad de América y la Distrital, además el objetivo final es peatonalizar la calle y todos los fines de semana realizar actividades culturales y artísticas que estén relacionadas con la academia y las artes escénicas, una apuesta que pretende fortalecer la cultura de la región e integrar al público capitalino en general.

 

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