La Candelaria en dos ruedas: Turismo, movilidad e incertidumbre


LaCandelaria

Muchas son las personas que caminan con paso apurado en busca de un lugar entre la multitud para llegar a tiempo a sus lugares de trabajo o estudio, hay otras que prefieren tomar este movimiento como parte de la experiencia de saber lo que es en realidad Bogotá. Si bien la capital colombiana es ajetreada, caótica, dinámica y difícil para transitar, existen alternativas de movilidad que han comenzado a marcar puntos diferenciales sobre las formas convencionales de desplazarse a través de la ‘Atenas Sudamericana’.

De acuerdo con Inrix Global Traffic Scorecard, al año son 272 horas las que pierden los bogotanos por estar atascados en los constantes trancones que hay en sus más de 15.000 kilómetros de vías construidas, esto según el Instituto de Desarrollo Urbano de Bogotá. No obstante, hay disponibles múltiples opciones para recorrerla, ya sea para los locales o los miles de turistas que a este lugar llegan cada día.

Pero para una ciudad de sus dimensiones, serían necesarios modos de transporte de las mismas, y aún a finales de la primera década del siglo XXI, falta mucho camino por recorrer; aún así las modalidades que ofrece se ajustan a las necesidades de los distintos tipos de usuario que se configuran a su alrededor, y la bicicleta es una de las que se abre paso por entre su demás ‘innovadoras’ formas de transporte como el Sistema Integrado de Transporte Público, Sitp; las chimeneas rodantes biarticuladas del TransMilenio o los millones de vehículos y motocicletas, que por cierto, superan en número a la población de ciudades como Armenia o Manizales. Si bien las bicicletas no hacen parte de estos tipos de transporte motorizado, se ha comenzado a convertir en la opción ideal para muchos ciudadanos y turistas.

Es necesario recordar que la bicicleta ha sufrido diferentes cambios en su modo de uso, pues antes de pasar a ser un medio de transporte, comenzó con el ideal de ser solo una herramienta para hacer ejercicio, en específico para las personas con un ‘estilo de vida saludable’, también como el nuevo centro de atención en el mundo del deporte, y además como una etapa de la vida de todo niño o joven utilizada como un juego o modo de atracción, configurado por la sociedad, para el ocio desde los infantes hasta la vida adulta.

Sin embargo, no todas las localidades del distrito guardan esas relaciones de movilidad-deporte en cuanto a la bicicleta, en La Candelaria esta pasa a jugar un papel fundamental para el turismo, donde los visitantes esperan conocer todos los aspectos característicos y los lugares históricos de Bogotá, de una Bogotá distinta y real, en donde cada uno de ellos están bajo el interés de recorrerla para descubrir una perspectiva distinta, de las tantas opiniones que surgen, una vez se menciona la visita a su territorio.

Así, la ciudad del amor-odio, la de las calles atestadas de llantas, la de los aires contaminados, el centro de Colombia o la que está 2.600 metros más cerca de las estrellas, tiene una superficie total de 1.775 kilómetros cuadrados y cuenta con más de 7.000.000 de habitantes, de ellos, acorde a la Secretaría Distrital de Movilidad, 6 de cada 100 usan la bicicleta como medio de transporte, y según la entidad, se pueden generar aproximadamente cerca de un millón de viajes diarios.

Como resultado de esto, Bogotá es reconocida como la ‘Capital Mundial de la Bicicleta’, ya que actualmente, de acuerdo con el ente distrital rector de este aspecto de la capital, existen aproximadamente 550 kilómetros construidos en ciclorrutas, además de la gran suma de ciudadanos que han hecho de la bicicleta una parte fundamental de su cotidianidad.

Igualmente, la alcaldía actual busca seguir construyendo espacios propicios para el tránsito de los ‘nuevos caballitos de acero’, estrategia con la que buscan promover que las personas se conviertan en biciusuarias activas. Desde la Alcaldía Mayor se pretende llegar a 700 kilómetros de bicirrutas, todo con el fin de continuar siendo la red más grande que existe en todo Latinoamérica.

De esta manera, la bicicleta como forma de movilidad, puede conllevar a mejorar la calidad de vida en la capital del país en múltiples aspectos, como lo es en temas ambientales, ya que se evita que quienes van actualmente en bicicleta, saquen sus vehículos automotores a congestionar las vías. También proporciona cambios en ámbitos sociales, ya que según la Alcaldía Mayor se generan 26.000 empleos directos, gracias al impacto que tiene sobre los talleres de mecánica, los puntos de ventas de bicicletas y sus accesorios, y por supuesto las agencias turísticas que tienen una apuesta fuerte de bicitours por la ciudad.

Para las personas que hacen uso de la bicicleta se encuentran habilitados 6.921 parqueaderos públicos, donde el 80% de estos pertenecen al Sistema Integrado de Transporte Público, Sitp, y adicional a esto tienen casi 10.500 parqueaderos ubicados en 210 establecimientos privados como en centros comerciales, almacenes y universidades, de acuerdo con la Secretaría Distrital de Movilidad.

A pesar de las iniciativas que tiene la alcaldía para promover el uso de la bicicleta como medio de transporte, las cifras más recientes, no la respaldan, y es que el uso disminuyó en un 23% por motivos de inseguridad, mal estado de las vías y la intolerancia de los ciudadanos que se movilizan en otros medios.

Asimismo, acorde con Miguel Silva Moyano, profesor del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia, los robos aumentaron en un 429% en los últimos tres años y 15 biciusuarios han muerto en lo transcurrido del 2019, tiempo en el que también, según lo recolectado por la Personería de Bogotá, 19 personas son víctimas de hurto cada día.

 

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Todos los días, alrededor de las 6 de la mañana empiezan los biciusuarios a dirigirse a sus trabajos, a sus centros de estudio o a cumplir con algunos de sus quehaceres cotidianos. Desde hace unos años, cuando apenas se estaba iniciando la implementación de las ciclorrutas en la ciudad, muchos ciudadanos vieron en ellas la posibilidad de mejorar muchas de las problemáticas presentes a la hora de transportarse.

La carrera séptima, específicamente hasta la calle 11, es el único espacio que cuenta con ciclorruta ‘segregada’, en el sector de La Candelaria. El sonido constante de los cuchicheos de los cientos de caminantes transitando por las losas de mármol de colores ocre y gris, se confunde con la puesta en escena de cantantes informales, de los gritos de los vendedores de medias, gorros de lana, bolsos tejidos a mano, de los trabajadores de restaurantes aledaños ofreciendo el menú del día: “Ajiaco santafereño, carne a la plancha, bandeja paisa. Bien pueda, bienvenidos”, de los vendedores de artesanías o del sonido de las tizas rayando el piso; también se mezcla con el de un pedaleo constante, a veces ahogado y cansado, que se siente serpentear por entre la multitud, tratando de avanzar, evitando esos obstáculos móviles inmortalizados por dispositivos que del tamaño de sus muñecas, son capaces de manejar todos los ámbitos de su vida.

Un pito o el vibrar de una campanilla, abriga la atmósfera del lugar, retumba en los tímpanos de los transeúntes y los despierta de su inconsciente caminar por las calles históricas de su ciudad. A unos cuantos metros de distancia, ven que un cuerpo borroso en dos llantas se aproxima, casi levitando, a un ritmo constante, todos miran a su alrededor con extrañeza, aún no saben qué ocurre y sin esperarlo, su vista choca fuertemente con una bicicleta que vienen en la mitad de su camino. Con ligereza, uno a uno se va a apartando de la inmanencia que lo liga al aparato, y las bicicletas, continúan con su culebreo, mientras detrás de ellas, la multitud vuelve a reunirse nuevamente en su homogeneidad.

La séptima es una reconocida calle del centro histórico de Bogotá, diariamente y a cualquier hora, hasta cuando las fuertes lluvias cubren el piso marmoleado, miles de personas obstaculizan el paso de los ciclistas con indiferencia, por ello se dice que los ciudadanos no respetan los pocos espacios creados por la alcaldía para la circulación y desarrollo de este medio de transporte, tan diferente e innovador, entre los más comunes de todo el país.

Como bien la sociedad ha ideologizado y estereotipado a las personas dependiendo de sus riquezas materiales, pareciera que en la actualidad quienes no tienen carro para transportarse, no cumplen con uno de los ‘requerimientos’ esenciales para estar en la moda in, impuesta por la globalización consumista y capitalista. Sin embargo, hay quienes consideran que estar out, no es tan malo después de todo, pues más que aparentar ‘estar bien a la moda’, se acostumbraron a la bicicleta por salud, por economía, por tiempo y hasta por hacer un turismo diferente.

Este espacio de movilidad alternativa para ‘los caballitos de acero’, además de ser interrumpido por los transeúntes, está expuesto a la inseguridad que hay en las calles diariamente. Después de las seis de la tarde los ciclistas se preparan para lo más peligroso, el transitar por algunos sectores a altas horas de la noche implica estar expuestos a robos y asesinatos. En lo transcurrido de este año se han registrado quince asesinatos a personas que simplemente se dirigían a sus casas a descansar luego de un día largo de trabajo.

Dos ruedas que se complementan con el equilibrio, dos frenos para controlar la velocidad y dos pedales para impulsar y avanzar en la bicicleta por las calles de Bogotá, son los elementos que se tienen que revisar frecuentemente antes de salir a rodar; ya que no solamente en La Candelaria, sino en diferentes sectores de la ciudad no se han establecido lugares y condiciones que beneficien y aporten al medio de transporte que desde la alcaldía y el instituto de movilidad se está implementando.

Las calles sin salida y las ciclorrutas sin terminar llevan a los ciclistas a utilizar vías donde están rodeados de carros, motos, camiones y otros vehículos que hacen de su trayecto un momento más estresante. El distrito hace alarde de lemas de ciudad, como el de ‘Capital Mundial de la Bicicleta’ cuando, los ciudadanos por su parte, tratan de refutarlo, porque en su diario vivir no tienen vías seguras, ni tampoco todos los elementos necesarios para ir de un lugar a otro.

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Una vez se adentran por las calles empedradas y adoquinadas de La Candelaria, se pueden observar personas de todas las nacionalidades, entre casas y edificios de arquitectura colonial y republicana, sin importar su raza, estatura e idioma, guardan el mismo interés de conocer lo que tiene por ofrecer esta localidad y por tanto, esta ciudad y todo el país.

A la fecha, si algún extranjero o local pregunta o googlea, por la forma ideal para recorrer lo mejor de La Candelaria y de Bogotá, a lo mejor se encontrará con centenares de actividades al aire libre que la ciudad le ofrece, pero que en la actualidad, de acuerdo a las consultas de usuarios en TripAdvisor y al Instituto Distrital de Turismo, los bicitours, encabezan con orgullo. Estos ahora son ofrecidos como la mejor manera, gracias a su practicidad y originalidad, de conocer los lugares que reflejan la cultura bogotana, en un medio que permite realizar muchas actividades y hasta adquirir conocimientos generales en un tiempo útil y productivo.

Como se dijo con anterioridad, la carrera séptima, hasta la calle once, es un martirio para quienes van en bicicleta, pero si se adentra un poco más al centro histórico de la capital colombiana, es frecuente que aparezcan grupos de personas en bicicleta, algunas veces de cinco integrantes y otras veces de tantos que llegan a llamar la atención de todos los peatones, pues se pasean al estilo del ‘viacrucis’, siguiendo el paso de diferentes estaciones que ofrecen detalles muy enriquecedores sobre la historia y vida capitalina.

En este recorrido guiado, se visitan sitios arquitectónicos declarados monumento nacional, algunos de ellos son parques renombrados y en los que los propios y turistas también podrán descubrir y conocer sobre la historia del país, como lo hacen con las visitas a sitios culturales que definen a todos los colombianos, como el Centro Cultural Gabriel García Márquez.

Asimismo, se conocen lugares de renombre que, según las acotaciones de los guías de las agencias, demuestran las ambiciones que han tenido algunas personas para construir ciudad, como lo fue Ignacio Sanz de Santamaría con la Plaza de Toros la Santamaría o el arquitecto francés, nacionalizado en Colombia, Rogelio Salmona con las Torres del Parque en el Parde de la Independencia, sitio que comparte con la Santamaría.

También se visitan sitios que albergan la historia del país como el Museo Nacional, el barrio La Merced o el Chorro de Quevedo, presentándose así perspectivas diferentes de explorar y visitar, junto con las bicicletas y como parada del tour, estas infraestructuras que comparten contextos socioculturales de gran valor.

Estas son algunas de las causas por las que los bicitours son más buscados por las personas extranjeras, pues igualmente son pocos los colombianos que deciden tomarlo, y específicamente para ellos es común llegar a dichos lugares de bicicletas, pero los fines de semana cuando se realiza la ciclovía, sin embargo, es cada vez más común la visita de los colombianos a estos tours.

Todas las nacionalidades han pasado por esas calles empedradas, pero los provenientes de Alemania, Holanda e Inglaterra son los clientes más recurrentes debido a que en sus países la bicicleta hace parte ya de su cotidianidad y es una práctica muy común entre ellos. Muchos de estos recorridos son posibilitados por las relaciones que existen entre las agencias que los dictan y los hostales que hay en La Candelaria.

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Con el fin de fomentar este ámbito cultural del turismo en bicicleta, existen varias agencias que buscan promover su uso. Hace aproximadamente quince años llegó a la ciudad, la más antigua en el sector de La Candelaria, Bogotá Bike Tours como una de las primeras empresas de préstamo y alquiler de bicicletas turísticas con planes establecidos y con un dueño extranjero que cambió la forma de movilizarse en la ciudad, esta actualmente ocupa el puesto número seis en TripAdvisor, con una calificación de 5.0 sobre 5.0.

Para las seis de la mañana Mike Ceaser llega a la calle 12B donde tiene su local, en el que aproximadamente 35 bicicletas de colores claros y oscuros aguardan. Las amarillas predominan y resaltan en el fondo negro del lugar donde aquel extranjero se dedica a repararlas y limpiarlas para esperar por un nuevo ciudadano turista que las necesite.

Al dar pocos pasos en el famoso local del gringo, se observa una pared llena de recortes periodísticos que resalta a la vista y le dan un valor al lugar y a este reconocido guía. Varios periodistas han visitado La Candelaria para hacer notas acerca de este colega, que abandonó la profesión para innovar con un negocio de bicicletas en una ciudad desconocida, una ciudad que conoció por Internet al descubrir que era de las mejores para el uso de la ‘cicla’ como él la llama, y a la que llegó después de pasar por Bolivia, Chile, Paraguay y Venezuela.

En este espacio lleno de libros, llantas, cascos y ambientado con música de plancha, no solo se alquilan bicicletas o se realizan los renombrados tours, también se venden e intercambian libros, de los cientos en español e inglés que se encuentran apilados en la entrada, como reliquias invaluables, de lomos desgastados y manchados. Así lo dice Juan Zambrano, amigo de confianza de Mike: “en esta agencia no se ofrece trago ni rumba, se ofrece una experiencia enriquecedora y muy bonita, en la que a través de los lugares más importantes de la ciudad, se conoce la realidad de todo un país y su gente”.

Aparte de la agencia del gringo, está Cerros Bike Tours, que están entre las mejores agencias encargadas de mostrar esa perspectiva diferente de la ciudad. Alejar a los turistas del tráfico y hacer que tengan una buena experiencia a la hora de conocer el sector y hasta enseñarle a los ciudadanos a ahorrarse mucho dinero y mejorar su estado físico, son los objetivos de estas empresas.

En Cerros Bike Tours, predomina el color verde limón que recubren las paredes rústicas y que contrastan con el negro de decenas de bicicletas. Esta agencia tiene convenio con cuatro de los hostales de La Candelaria donde frecuentemente llegan no sólo extranjeros si no también colombianos que quieren conocer diferentes culturas y costumbres de su país, y nada mejor que empezar por la capital. Esta agencia también hace parte del top 10 de TripAdvisor de actividades al aire libre para hacer en el distrito, se encuentra en el puesto número cinco y tiene una calificación de 5.0 sobre 5.0.

En un solo día las agencias pueden realizar de dos a tres tours con aproximadamente 10 personas. Además de estos planes, que son fijos, se realizan recorridos privados por la trilladora de café, donde los turistas tienen la oportunidad de ver todo el proceso hasta que se obtenga el grano o también por la Calle del Embudo, donde se realiza un walking tour o graffiti tour, en el sector donde fue fundada la ciudad de Bogotá.

Aún con los problemas de seguridad, con el mal estado de las vías, con el poco respeto de los transeúntes en las ciclorrutas, con el irrespeto de los demás ciudadanos que se movilizan en otro tipo de vehículos, la bicicleta ha logrado conseguirse un lugar en las calles capitalinas, y sobretodo se ha logrado posicionar en La Candelaria, y más allá de ser una opción para ejercitarse, es una opción para ejercer un turismo sostenible, por eso constantemente los entes gubernamentales tratan de implementar y darle el mejor uso a estos espacios que se han desarrollado.

Después de ponerse ‘sobre las dos ruedas’ de los bicisuarios, se descubre que más allá del caminar caótico y desesperado de las personas que van sobre las losas marmoleadas, hay un mundo que se da paso airoso, aún con pitos y campanillas, por entre la gris atmósfera, los gigantescos árboles de vidrio, cemento y acero o las humeantes máquinas que pululan en la ciudad. Turismo, movilidad e incertidumbre, una consigna que seguirá caracterizando a los nuevos caballitos de acero que habitan en La Candelaria.

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