Una ilusión a los 80


Comparsa en celebración al Día del Adulto Mayor en Finlandia, Quindio. (Foto de Archivo)

Comparsa en celebración al Día del Adulto Mayor. (Foto de Archivo)

Por: Natalia Pérez & John W. Pérez Henao

Rosa, una mujer de aproximados 80 años, de cabello corto y de baja estatura, camina por las calles a la orilla del parque principal del municipio más hermoso del Quindío: Filandia. Rodeada de conocidos, que con aplausos y silbidos engalanan esta marcha nupcial. Rosa en su rostro muestra lo joven y atractiva que se siente. Para ella, no hay un día ni un lugar más perfecto para contraer matrimonio con el hombre que lleva de la mano: Roberto (un señor de 72 años, que conoció en el ancianato y que lleva el mismo nombre de su fallecido esposo) y del cual está muy enamorada.

Dos meses después de magno evento, que se realizó a finales del mes de julio como homenaje y celebración al adulto mayor y en la que varios abuelos volvieron a ser niños llevando puestas las prendas de la profesión de sus sueños, la que quizás, en algún momento de su vida  anhelaron ejercer o, simplemente, convirtiéndose en el día más especial de sus últimos días.

Era eso de la 1 y 30 de la tarde, cuando mi compañera y yo nos acercamos a las instalaciones del hogar La Sagrada Familia, ubicado a escasas cuadras del parque principal de la localidad quindiana, en busca de ‘Fabiolita’, una mujer de la que minutos antes la administradora de un hostal nos contaba que la apodaban “La Gallina” por temerle a casi todo.

Al entrar al hogar de ancianos, noto que la persona encargada de la puerta no es un vigilante de Seguridad Privada o algo parecido, sino un señor que, al igual a ‘Fabiolita’, goza de los beneficios que brinda este albergue. 

Caminamos unos cuantos metros y los adultos mayores nos observan con cierta mirada alegre y pensé: “parece que les gusta que los visiten”. Esto nos hizo el recorrido tranquilo a pesar de estar tan ansiosos por conocer a ‘Fabiolita’ y entender el porqué de sus miedos.

Entrando a la habitación, veo a una señora de edad sentada sobre una cama sencilla, con apariencia de niña por su baja estatura y el movimiento que hace con sus pies suspendidos del suelo. – algo confundidos y sin mediar una sola palabra, Natalia y yo nos miramos haciéndonos la misma pregunta: ¿ella será ‘Fabiolita’? – Levantó su mirada hacia nosotros, como si estuviese a la espera de alguien, y de inmediato nos dirigimos a ella…

-¿Eres ‘Fabiolita’?- le pregunta John mirándola fijamente a los ojos esperando su respuesta- mientras observo detenidamente la habitación, pero no respondió. Hay varias camas pequeñas en las que dos mujeres están profundamente dormidas. Al lado mío, una señora en una silla de ruedas escucha la radio y con un tetero en la mano nos observa. – Nos hace un gesto, como queriéndonos decir algo con una sonrisa en sus labios. – Intento descifrar lo que quiere decirme mientras señala hacia una de las camas donde una mujer duerme. John y yo nos preguntamos con la mirada si le habíamos entendido algo, pero ninguno de los dos pudo interpretar sus palabras.

Minutos después de haber entablado una conversación con la mujer que se suponía ser la persona que buscamos, se acerca una trabajadora del hogar haciéndonos la invitación a rezar El Rosario. Le respondo con una pregunta:

-¿Ella es ‘Fabiolita’?

-”No, ‘Fabiolita’ es aquella pero está muy dormidita”.

Fue en ese preciso instante en el que entendí qué intentaba decirnos, y por qué sonreía con gracia, la señora que sostenía un tetero en sus manos mientras escuchaba la radio.

”Mi nombre es Rosita” dice la dulce señora que desde el comienzo creímos que era la persona que buscábamos. Y como ya estábamos en confianza quisimos saber un poco más de esta tierna mujer.

-¿Rosita, usted tiene novio?

Ella sonríe un poco tímida apoyando el mentón sobre su pecho y mientras responde a media lengua, intento ver el brillo de su mirada que se esconde bajo sus párpados ya caídos por los años “sí, se llama Roberto. A mí me parece muy bonito, aunque muchos digan lo contrario”.

-¿Y cuál de todos ellos es Roberto? – Le pregunto.

- “Está durmiendo” -Me responde señalando con su mano derecha hacia la puerta de la habitación que conduce al patio central del asilo y que alberga alrededor de 36 adultos mayores, a pesar de tener capacidad solo para 30.

Rosita nos habla entusiasmada de Roberto y de su boda con él – algo que ilumina los ojos de Natalia y capta toda su atención y curiosidad por saber de él y su matrimonio. –  Pero las cosas no son tal como parecen. Para sorpresa nuestra, Rosa y Roberto no están casados. Todo es producto de una comparsa, que se realizó a finales de julio entorno al Mes del Adulto Mayor, organizado por: Gladys Builes y María Liliana Cardenas, mujeres encargadas de la dirección del hogar.

Rosita fue la novia y Roberto el afortunado de contraer nupcias con una mujer pequeña en tamaño, pero grande en corazón y amor para su amado.

La actividad contaba con la participación de todos los adultos mayores, en los que cada uno de ellos iban en un desfile vestidos de novio, novia, policías, niños, etc; situación que representaba un típico matrimonio quindiano. Rosita fue la novia y Roberto el afortunado de contraer nupcias con una mujer pequeña en tamaño, pero grande en corazón y amor para su amado.


Para Rosita la comparsa fue el matrimonio de sus sueños, para los otros una actividad que les permitió, además de conmemorar esta bella etapa de la vida, volver a ser niños una vez más.

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