SIN LEY EN TRAVESÍAS


Para conocer al ‘Mono’ se necesitan mucho más que ganas, es necesario estar dispuesto a caerse, ensuciarse, llenarse de pantano la ropa, pero sobretodo, actitud para enfrentarse al inestable terreno y abrir entre la montaña un camino que no existe, el cual mientras andaba me recordaba la famosa frase de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Foto 7-10-16, 3 18 56 p.m. copia

Primero, se debe llegar hasta Belén de Umbría, municipio de Risaralda, posteriormente abordar un Jeep hasta la vereda Travesías, que se encuentra a unos 20 minutos del pueblo, pasada la vereda, se llega por un camino de piedras y barro hasta el corregimiento El Diamante, donde se alcanza a ver un pequeño caserío y es el final del recorrido en Jeep.

Don Luis me esperaba allí para acompañarme hasta la finca y presentarme a Jose Nelson Valencia, o mejor conocido en la vereda como ‘El mono’. Yo no había ido hasta allí por la historia de él, sino por la de sus hermanas, específicamente por la de una de ellas, Cruz de María. Su historia había llegado hasta mi por un vecino de la familia Valencia, el mismo que estaba en aquel lugar con botas pantaneras, y un palo grueso que le ayudaba a mantener la estabilidad a sus 70 años en un arduo camino de la vereda, tenía una barba crecida y completamente blanca y su delgadez era impresionante a la vista. Él sacó su machete y cortó otro palo como el que tenía que ayudara a apoyarme en el camino, y dijo como pregunta retórica: ¿Ve ese techo que está al fondo?.. para allá vamos. Cabe destacar que estábamos casi en el filo de la montaña.

Después de resbalarme por el pantano, caerme, y sobretodo reírme de mí misma por la inexperta forma en que bajaba la trocha, mientras Don Luis y un niño de 5 años bajaban con la mayor naturalidad, llegamos sucios, pero a salvo a la finca. La humildad y pobreza del lugar era evidente y entristecedora. Había café afuera de la casa secándose, gallinas que corrían por todas partes, humo del fogón de leña que llenaba casi todo el espacio de lo que ellos llaman cocina, pero que es simplemente un fogón de leña con unas cuantas tejas encima.

Jose Nelson ama la música, pero sobretodo cantar. Yo llevaba un rato esperando que llegara a la casa, pero ya sabía en  qué parte del cafetal estaba él por su canto, ya que estando a unos 100 metros lo escuchaba cantando una y otra vez el mismo fragmento de una canción de reggaetón. Finalmente llegó unos 30 minutos después con su canasto lleno del café que llevaba toda la mañana recogiendo. Es un hombre alto y delgado, rubio y de ojos verdes, no en vano lo llaman ‘El Mono’, su ropa estaba muy sucia y sus manos daban la impresión de ser de una persona de muchos años más que tan solo 24, es tímido, pero pude ganarme su confianza con un poco de bromas, confianza que no era tan necesaria para que me contara su historia, pero sí para que me hablara acerca de la información que yo estaba buscando sobre su padre y sus hermanas.

 

Jose Nelson cantando mientras recoge café

 

En medio de una llovizna me siento en una banca de madera y le pregunto por su vida, pero la expresión que hace enseguida es de dolor, casi como si lo hubiera golpeado con algo, él prefiere quedarse de pie frente a mí, y es ahí donde noto que lo que está por decir le tiene más marcado el alma que el cuerpo, y las heridas que tiene en él duelen de solo verlas, así que las internas no alcanzo ni siquiera a dimensionarlas, la causa del dolor tiene nombre propio: Ulises Valencia, su padre.

‘El Mono’ trabaja desde los 5 años, recuerda cuando se iba con su papá a recoger café y este le pegaba con ramales cuando no soportaba la sed y a escondidas se tomaba el  agua de panela de su papá. Más adelante, cuando le ponían quejas del colegio, le pegaba de maneras abruptas, José Nelson recuerda sobretodo  cuando tenía 11 años y su padre lo golpeó hasta dejarlo inconsciente por haber llegado del colegio con la camisa ensangrentada, señas de que había tenido una pelea, pero él no preguntó qué había pasado, apenas lo vio empezó a pegarle levantándolo del cuello para ponerlo a su estatura.

El motivo de su camisa con sangre fue una pelea de Nelson con un compañero que le tumbó de las manos la lonchera donde llevaba lo que le había empacado su madre para el descanso y lo dejó sin nada qué comer, y lleno de indignación se fue a los golpes con aquel otro muchacho. Después de esta pelea, su padre jamás lo dejó volver al colegio.

Como los maltratos de su padre siempre han sobrado, narra una ocasión donde  lo perseguía por los cafetales para pegarle, y al no poder alcanzarlo, desenfundó su machete y se lo lanzó, pero Nelson pudo reaccionar más rápido y tirarse al piso mientras veía el machete tambaleando en el aire hacia él. Yo me sonrío mientras lo veo recrear torpemente todas las escenas que me cuenta.

En otra ocasión, cuando tenía 16 años su padre le encargó entrar a la casa una leña, pero El Mono estaba entretenido hablando con una niña que le gustaba y olvidó la leña, 15 minutos después, su padre regresó y lo golpeó con su machete dos veces, haciéndole dos grandes cortadas en su espalda y dejándolo tendido en el piso del dolor frente a la niña que le robaba los suspiros en ese momento.

La última golpiza que recuerda fue hace menos de un mes, cuando llegaba de trabajar a la finca donde le estaban dejando hospedar por esos días y se estaba quitando las botas, de repente, sintió cuando alguien lo volteó por el hombro y sin siquiera alcanzar a reaccionar, se fue al piso por un puño que le dio su padre en la cara. Todo por culpa de un robo que le habían achacado unos vecinos y habían ido a contarle a su padre, quien fue sin dudarlo a pegarle por lo que le habían contado. Más tarde, Jose Nelson le comprobó que él estaba trabajando a la hora del robo, de manera que no habría podido ser él, pero la golpiza ya estaba dada.

El Mono llevaba una media hora de pie narrando los acontecimientos anteriores, hasta que le pregunté por sus demás hermanos, y fue en este punto donde guardó silencio, se notaba que dudaba las palabras que quería decir, y se sentó a mi lado, como si él mismo necesitara un descanso de todo lo que pasó en su mente cuando le hice la pregunta.

Como su mente va mucho más rápido que su boca, se enreda fácilmente y atropella las palabras. Cuenta que el mismo maltrato que él ha tenido que sufrir, lo han tenido que vivir también sus 9 hermanos menores, ya que él es el mayor de los 10 y se fugó de su casa cuando solo tenía 12 años, pero asegura con voz temblorosa que sus 4 hermanas son las que más han tenido que sufrir más con don Ulises, su padre.

Debo reconocer que ya había escuchado un poco de la historia de sus hermanas, y por ellas especialmente, su familia me causaba gran curiosidad, así que insistí para que me contara.

Las cuatro niñas son hijas y ‘esposas’ de su propio padre, es decir, éste mantiene relaciones sexuales con ellas. El Mono lo descubrió cuando Cruz de María, una de sus hermanas, que para ese tiempo tenía solo 15 años, quedó embarazada, y como su padre siempre ha sido excesivamente celoso con sus hijas y no permite que nadie hable con ellas ni se les acerque, no se alarmó o enfureció cuando ella quedó en embarazo, esto fue lo que le generó sospechas de que él era el padre de ese bebé que estaba esperando su hermana, además, algo de incomodidad había notado en sus hermanas cuando su padre estaba cerca de ellas. Como Jose Nelson no vive con ellos, solo se acerca a la finca de su papá para visitar a su mamá, siempre y cuando su padre no esté, porque prefiere evitar encontrárselo.

El mismo vecino de la familia que me contó la historia, ya me había dicho antes que sería imposible hablar con las niñas, ya que el padre de estas no permite que hablen con nadie y deben mantener la cabeza agachada para no hacer contacto visual con nadie, de lo contrario, su padre enfurece y las golpea.

Cuando el bebé nació, Jose Nelson le pidió a su hermana que le dijera de quién era el niño, Cruz de María le aceptó llorando que el niño sí era de su propio padre,  Jose Nelson quedó incrédulo al verificar sus sospechas, se negaba a creerlo, se llenó de ira y frustración por no poder proteger a sus hermanas y se enfrentó una vez más a su papá, quien se burlaba de él por querer defenderlas, Ulises, su padre, le estiró un machete y desenfundó el suyo pidiéndole que se enfrentaran y que el ‘más hombre’ de ambos debería salir victorioso matando al otro. El Mono no recibió el machete y le respondió lo siguiente: “Máteme usted, porque yo no corto la sangre”, en este punto creo que mi cara de asombro se notaba a kilómetros de distancia,  este  hombre no era ni un poco instruido, porque no sabe aún lo que es leer o escribir, mucho menos algo de matemáticas, pero la sabiduría en su respuesta me dejó perpleja, estaba furioso, dolido y frustrado, pero la razón nunca lo abandonó y decidió marcharse.

Cruz de María tuvo el primer niño, hijo de su padre, el cual nació enfermo pero Jose Nelson no supo explicar que tenía, solo que pasó muchos días en la clínica, sin embargo, en menos de un año quedó nuevamente en embarazo de él. Esta vez sería una niña, pero un día, Ulises llegó muy borracho a su casa a pegarle a su mamá, en ese momento Cruz lo insultó por pegarle a una mujer y él se lanzó a ella y con puños en el vientre, hasta provocarle un aborto en su propia casa, muy lejos de cualquier tipo de ayuda, donde solo algunos vecinos alcanzaron a llegar para quitársela a Ulises de las manos, la niña, al ver y sentir todo el daño que este hombre le había causado, decidió tomar la valiente decisión de escaparse para denunciarlo, tuvo que dejar a su primer hijo, por lo difícil que es el camino para salir hasta la carretera y lo mal que ella se encontraba por el aborto, desde entonces, las autoridades la acogieron y la trasladaron hasta Pereira para dejarla en manos del ICBF.

Al contar todo en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la entidad llamó a testificar a las otras 3 hermanas de Cruz de María, quienes también son víctimas de su padre, pero estas tres negaron cualquier tipo de maltrato por parte de su padre y también que fueran o hubieran sido abusadas sexualmente alguna vez. Declaraciones de las cuales las autoridades sospechan, ya que cabe la posibilidad de que pudieran haber sido manipuladas por su padre para negar todo y desconfiaran de que pudieran protegerlas de él. Ulises Valencia también ha sido entrevistado pero ha negado todo lo que su hija contó.

La misma entidad me dijo que el proceso de Cruz de María ha sido muy lento, ya que la niña, que ahora tiene 17 años, sufre de problemas mentales, tal vez ocasionados por los traumas que ha tenido que atravesar a tan corta edad. Cada vez que las autoridades pertinentes hablan con ella para obtener el testimonio, esta narra algo distinto, por ejemplo, un día afirma que el niño que tuvo y la bebé que perdió era de su padre, que él abusaba de ella, pero otro día dice que tenía un novio y que quedó embarazada de este, otro día dice que no recuerda nada, y muchos más, es por esto que el proceso no ha podido avanzar como las autoridades quisieran, ya que, al no contar con un testimonio coherente, es muy poco lo que se puede hacer, Sin embargo, lo único que sea podido lograr hasta ahora, es que un juez ordenó hacer una prueba de paternidad al niño que tuvo Cruz de María hace ya casi dos años, para comprobar si Ulises es o no, el padre del niño.

Por otro lado, Jose Nelson dice que no quiere declarar nada ante las autoridades porque no tiene pruebas para comprobar nada de lo que sabe, y segundo, porque cree que si su padre ha intentado matarlo en diferentes ocasiones por tonterías como chismes, si declara en su contra, lo buscaría en cualquier lugar y lo mataría.

La madre de los 10 niños, dice el Mono, no tiene ni voz ni voto en el hogar, es una mujer completamente sumisa a los que dice y hace su esposo, cuando ha intentado defender a alguno de sus hijos, cosa que casi nunca hace porque cree que Ulises siempre tiene la razón, le ha costado bastante. Su marido le pega cada vez que quiere, sea porque esté borracho o sea porque no apruebe algo que dijo. Es por esto que ella se comporta como sus hijas, tampoco habla ni mira fijamente a nadie, él se lo tiene prohibido.

Mientras tanto, Jose Nelson sigue recogiendo café bajo la lluvia, aprovechando la cosecha y cantando a todo pulmón para silenciar su consciencia.
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Audio entrevista Jose Nelson Valencia

Reportaje hecho por Ana Cristina Álvarez Montoya

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