De mero ‘parche’ salvando vidas


Julian PatiñoFoto tomada por: Steven Agudelo Padilla.

Uno de los proyectos sociales con los habitantes de calle en la ciudad de Pereira ha resultado positivo, pues aquellas personas que padecen el problema de la drogadicción tenían problemas a la hora de inyectarse, no había un uso adecuado y mucho menos higiénico, el Proyecto Cambie llegó a la ‘perla’ del Otún para ayudar a estas personas, incluso uno de los hoy trabaja en el programa alguna vez fue un usuario.

¿No quieres leer? Entonces escucha.

Por las calles del centro de la ‘querendona’, se encuentra un carro Kangoo de color blanco. Este auto tiene capacidad para dos ocupantes y, atrás, un amplio espacio para llevar cualquier tipo de accesorios. En horas de la tarde, se parquea exactamente en la calle 19 bis, entre carreras 10 y 11. Todos los días se encuentra allí desde la 1pm hasta las 6pm.

Aquel carro no lleva mercancía de ninguna empresa, tampoco lleva accesorios para la venta. En el Kangoo blanco, hay unos kits para repartir a la población habitante de calle, especialmente a quienes se inyectan heroína.
A la 1:30 de la tarde del día 11 octubre, Julián Patiño, un hombre de 30 años y quien es conductor del vehículo, se encontraba organizando los implementos que se entregan a los usuarios del programa, en las cajas de cartón había jeringas, cazoletas (con lo que se quema la heroína), algodones, torniquetes, agua esterilizada, toallas con alcohol y gasas.

Aquella tarde, Julián trabajaba tranquilo. Le pregunté si podía estar allí y me dijo que no había problema. Terminó de organizar los accesorios y fuimos hasta la esquina de esa calle. Se compró un cigarrillo y, antes de prenderlo, me dijo: “trabajo aquí porque yo soy mero ‘parche’, le estoy ayudando a todos los parceros”. Mientras regresábamos hacia el carro, me confesó que siempre que termina de organizar las cosas va por un cigarrillo.

La rutina apenas comenzaba, había pocas personas por ese sector, Julián, comentó en qué consistía el Proyecto Cambie, la entrega del material higiénico para personas usuarias de drogas inyectadas es la tarea diaria del programa y la rutina de este hombre, contaba que este proyecto se adoptó en la ciudad para mantener a las personas saludables y mejor.

Este programa fue creado en la ciudad de Pereira en el mes de abril de 2014 por la Corporación Acción Técnica Social. Entre los años 2014 y 2016 en la ‘perla’ han muerto seis personas por sobredosis de heroína, con implementación del Proyecto Cambie se han salvado 24.

El Proyecto Cambie en el año 2015 se extendió a ciudades como Bogotá y Cali, en total las tres ciudades ya registran 1.489 personas atendidas.

“El programa va en contra de las enfermedades como Hepatitis B y C, VIH, además va en contra de que los pelados se maltraten, tengan una sobredosis y ayudarles a salir adelante y a reclamar sus derechos en salud”, Julián, con estas palabras, mostraba un compromiso serio por el cuidado de estas personas.

Mientras Julián hablaba, llegó un joven de camiseta blanca, pantaloneta de jean y zapatos negros, se acercó al carro, reclamó su kit y se fue tranquilo, quedé asombrado, pues en un lugar de estos, uno espera vivir algo tan calmado, las personas siempre tienen cierto temor al habitante de calle y más al consumidor de drogas, desde pequeño siempre ha habido un rechazo a ellos y tal vez uno tenga una mala imagen, pero este muchacho demostró respeto y el agradecimiento a este programa.

kits

Foto tomada por: Steven Agudelo Padilla

No había mucha afluencia de usuarios a esa hora, Julián decía que el día estaba suave, que no se siempre se ven a las mismas personas, no todos acuden al programa al mismo tiempo, unos van más veces que otros.

Continuaba la jornada, Julián, se puso su gorra, era de color negro y la ubicó hacía atrás, como él lo decía era mero parche, me atreví a preguntarle cómo había llegado a pertenecer al programa, de inmediato contó que “cuando la heroína entró a Pereira, la regalaban y llegó al colegio donde estudiaba, como consumía marihuana, dijeron que eso no hacía poner los ojos rojos, que eso era lo que consumían los gringos, descubrimos que se podía fumar en bala, íbamos a la olla y veíamos gente enferma, más de uno decía que no se enfermaba, yo era uno de ellos”.

Causaba impacto lo que él me contaba, pero a medida que avanzaba en su relato, sentía que era mucho más fuerte. “sentía la necesidad de inyectarme, en la calle me tocó ver personas que se inyectaban aguas de charco, compartían la jeringa hasta tres personas”.

Era bastante fuerte lo que contaba, como consumidor que fue, comparaba la heroína con un abrazo sincero, hasta la comparó con un orgasmo, “es una sensación buena, pero que al final no le hace nada bueno al cuerpo, al contrario hace mucho daño”. Palabras que se fueron quedando en mi mente, tal vez aquellas personas consumidoras, lo hacen por llenar vacíos o porque no creen que vayan a terminar mal.

Alguna vez fue usuario, conoció el programa porque una vez le hicieron una acogida, consiste en recoger unos datos y hacer una evaluación para saber si la persona si necesita de esta ayuda, añadió que para combatir el VIH, se le entregaban preservativos a los trabajadores sexuales.

Se acercó otro usuario, de camiseta roja, bermuda negra, zapatos negros y con un maletín en su espalda, me acerqué a él, sentí temor para hablarle, pero decidí hacerlo, Julián ayudó para que él respondiera a unas preguntas, este joven lo hizo, pero fue muy reservado para hablar acerca del tema de la drogadicción, “estoy en el programa porque con esto evito enfermedades y algún día podré tener hijos, acá me escuchan y también me hablan”, lo que afirmaba el objetivo del programa.

Los usuarios no pueden inyectarse cerca al carro, tal vez por eso el ambiente no es fuerte, cada uno de ellos va por lo que va, ninguno se queda por ahí. Este usuario con el que tuve la posibilidad de cruzar palabras, simplemente dijo que había llegado a consumir porque se sentía bien, que en su casa había tenido problemas que eso era lo que había tocado y que por ahora no ve una salida a este problema.

Después de escuchar y entender todo lo relacionado al programa, a Julián y a los usuarios procedimos a retirarnos del lugar, una jornada ‘suave’ declaró Julián, pero que a fin de cuentas se cumplía el objetivo de ayudar a aquellos que necesitan.

No hubo ningún problema para salir del lugar, la calle 19 bis, entre carreras 10 y 11 después de las 6 de la tarde de aquel 11 de octubre quedaba igual que cuando llegamos, el programa no causa ningún inconveniente a los trabajadores del sector, Julián muy amable me extendió su mano y con su pulgar arriba terminaba la jornada.


Tomado de Acción Técnica Social.

Steven Agudelo Padilla

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