“EMPAQUE Y VÁMONOS”


Una crónica por Miguel Ángel Marín Valencia.

“Yo soy de origen campesino, vivía en Risaralda en una finca en zona rural en donde no se acercaba ni policía ni ejército ni nada, solo había lo que era guerrilla, no había nada más.”

Viviana nacida en Armenia municipio del departamento del Quindío y a sus quince años asentada con sus padres en Risaralda municipio de Caldas fue reclutada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo FARC–EP, el grupo insurgente más antiguo del continente; fundado en 1964 por campesinos influenciados por ideas comunistas y socialistas disidentes de los partidos políticos conservadores y liberales de la época.

De acuerdo al portal El Nuevo Siglo Viviana es tan solo una de los 11.556 menores que desde 1979 reclutó forzada e ilícitamente las FARC, una de los tantos jóvenes que en la ruralidad como ella ayuda y trabajan para sus padres. “Yo cogía café, desyerbaba, rozaba, los quehaceres de la finca, solo estudié hasta tercero de primaria porque mis papás me dijeron que no necesitaba estudiar más, que solo necesitaba saber escribir y leer porque con eso era suficiente”.

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Foto tomada por Nuria Cruz.

Viviana es una mujer de aspecto laborioso, de grandes pestañas, cabello castaño, lo lleva corto y con una moña, tiene unas candongas medianas y un solo anillo en sus manos, hoy se dirige hacia mí, pausada y tranquilamente va leyendo página por página su vida, unas de ellas más legibles que otras pues las esquirlas de la guerra, la cautividad y la vida en el monte tallaron marcas imborrables en sus hojas y por la tanto en su ser, aun así va desglosando detalladamente lo que una vez vivió.

En una ocasión entre sus labores se acercaron aquellos hombres vestidos de camuflado y fusil en mano a ofrecerle una vida que seguramente ni ella ni muchos de los combatientes de la guerra querían; Viviana en esa ocasión se negó a unirse a sus filas porque sabía que si se iba su mamá se pondría triste, uno de milicianos argumentó que ninguna de las mamás de ellos estaban tristes, y eso que ya llevaban mucho tiempo allá. Ocho días después aquellos hombres que Viviana frecuentemente veía fueron por ella, en esa ocasión la decisión había sido tomada, sin consentimiento, sin autorización, su vida había sido tomada con firma y sello por aquellos hombres de las FARC.

“¿Usted es Viviana?” “Sí, yo soy” “A nosotros nos dijeron que usted se quería ir con nosotros, así que vaya aliste sus cosas y vámonos”

Viviana con mucho susto aquel día empaco un par de cositas en un bolso y se fue. En aquella desafortunada ocasión Viviana no fue capaz de decir que no, y entre llanto y temor se adentró en las selvas colombianas para luchar por una guerra ajena que ha cobrado la vida de al menos 220.000 personas en el país de acuerdo al portal informativo La Nación.
“Es muy difícil uno tener quince años y tener que llegar allá a ponerse un uniforme, un camuflado, cargar pesado, cargar un arma. Desde el momento en que uno llega es a recibir órdenes ya no es como en la casa que uno tiene la posibilidad de decir que no quiere hacer algo, allá o lo hace o lo hace, sí o sí.” Viviana desde aquel momento quedó enlistada en las filas del bloque Aurelio Rodríguez fundado en 1996 como un desdoblamiento del frente 47 y su accionar se encontraba en los departamentos de Risaralda, Caldas, Chocó y Antioquia en donde lograron asentarse en poblaciones como San Antonio del Chamí (Mistrató-Risaralda) y Santa Cecilia (Pueblo Rico-Risaralda) que controlaban el paso entre ese departamento y Chocó.

Viviana desde aquel día tuvo que dejar atrás su adolescencia, cambiar sus días de trabajo en el campo por caminar extensas horas, montar guardia, escapar de enfrentamientos, pasar noches en vela, Viviana había dejado de ser una joven campesina para convertirse en un soldado, había dejado de estar en el seno de un hogar a perder completamente el contacto con su familia, había perdido su libertad. Mientras estaba acostumbrándose al trajín de su nueva vida se vio obligada a seguir con naturalidad su crecimiento, hacer su tránsito de una joven a una mujer, sin embargo cargando todo el peso de las normativas de las FARC, le tocó que aprender y aplicar línea por línea del reglamento si quería permanecer viva y no terminar como algunos de sus compañeros quienes violaban las reglas y terminaban en un fusilamiento.

“Una vez un muchachito muy jovencito entró en un consejo de guerra, en ese momento le preguntan a cada uno, ¿fusilamiento u otra oportunidad? en ese momento yo dije que le dieran otra oportunidad, pero en ese instante sacaron el libro de las reglas y el comandante dijo que había caído en un delito, por tal razón tenía que ser fusilado”. Aquella mujer se veía obligada a reservar sus sentimientos, no podía llorar si perdía un amigo, no podía levantarse una mañana sintiéndose triste porque no era la vida que quería, tras el hecho de estar privada de la libertad tenía que hacer de su cuerpo una cárcel, sus sentimientos vivían solo en su mente, atrapados en el silencio.

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Foto recuperada de https://laurajuliana.wordpress.com/2010/02/27/amores-desmovilizados/

Sin embargo para Viviana todo no fue tan malo, tuvo la oportunidad ‘gracias’ a el estricto reglamento del grupo armado lograr forjar lo que hoy en día es parte de su personalidad, le atribuye a su experiencia en las selvas su exacta responsabilidad, el compañerismo y la solidaridad, hasta pudo conocer lo que es el ‘amor’, pero todo no salió como ella se lo esperaba… Desde que ingresó en las filas de las FARC Viviana fue obligada a planificar y evitar un embarazo pero en una ocasión el método falló. “En el momento que quedé embarazada me empezaron a dar medicamentos para abortar, pero no aborte. Yo no me tomaba los medicamentos como eran, me los daban pero yo no me los tragaba, los escondía” Según el periódico El Espectador para el año 2013 se calculó que las FARC practicaban al menos 1.000 abortos por año con diferentes métodos, desde medicamentos hasta legrados que dejan secuelas importantes en una mujer tanto psicológica como físicamente.

Por suerte Viviana pudo tener su bebé, no obstante las FARC tomaron la decisión de regalar su hija a una familia de campesinos, para ese instante algo en Viviana se encendió, comenzó su larga espera de dos años para huir de aquellas personas que le habían arrebatado a su hija y sus esperanzas de vida.

“Pensé dos años para salir de allá, dos años pensando cómo iba a salir porque eso no es fácil, un día me mandaron a hacer una misión en un pueblito y no volví, dije: aquí fue”.

Tras siete años y medio en las FARC Viviana logró recuperarse a sí misma, recuperar su libertad y sobre todo recuperar las riendas de su vida, a partir de ese momento podía empezar a tomar sus propias decisiones y lo primero que hizo fue entregarse al ejército quienes le brindaron apoyo para enfrentar la sociedad, fue remitida a la ACR (Agencia Colombiana para la Reintegración) que es la encargada de hacer un acompañamiento a las personas desmovilizadas para que se reintegren en la vida civil, desde dicha agencia Viviana pudo superar su experiencia de vida gracias al acompañamiento psicológico que tuvo, además le ofrecieron la posibilidad de poder terminar sus estudios. Viviana se graduó de bachiller y luego estudió en el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje).

Según Javier Forero periodista de El Tiempo Viviana hace parte de los 57.923 miembros de los grupos ilegales que se han desmovilizado desde el 2003 al 2016, además se encuentra entre las 49.022 personas que han ingresado en el proceso para la reintegración en comparación a los 8.901 ex compañeros suyos que no ingresaron en el proceso. Ya hace dos años Viviana terminó la ruta de desmovilización, pero fue un proceso bastante complicado, al principio no tenía tranquilidad porque ella sabía que desde el momento en que se desertara del grupo se convertiría en un enemigo para ellos, tuvo mucho miedo porque quizás la podrían llegar a buscar para amenazarla o acabar con su vida, pero hasta el día de hoy ella no ha sufrido ningún riesgo.

Al día de hoy Viviana trabaja en la ACR y su labor es ser promotora de reintegración y trabajar de la mano con los profesionales y con las personas que llegan nuevas al proceso; en una de las reuniones con ex combatientes conoció a su esposo quien también es desmovilizado y hacía parte del mismo bloque en el que ella se encontraba, hoy Viviana lucha por una guerra propia con la vida, lleva consigo 3 retoños y un compañero de lucha, sus tres hijos de 3, 9 y 11 años y su esposo.

Infogra

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