Memorándum al corazón


En la noche, no dejo de pensar como en el corazón se dispersan los papeles por secciones, que nadie parece querer organizar, hasta que llega el dueño a poner el orden, comienzan las amenazas de despido, los memorandos sobre las mesas y toda esta situación incómoda.

Luego de bastante tiempo sin entrar allí porque creía que todo andaba bien en mi corazón, porque cuando lo llamaba al teléfono me contestaba latiendo de manera normal, porque me conformé con los informes del cardiólogo que por cierto examina muy bien la función pero no tiene idea del sentimiento.

Tal vez no regresé por miedo o porque consideraba que tanta tecnología me facilitaba las cosas, creí que enviando e-mails o escribiendo en Word todo estaría bien, de pronto una noche pensé que sería buena idea darme una pasadita y ver como andaba todo adentro y recordé que la llave de la puerta la había perdido en el 2008 cuando recibí la primera crisis interior, por gracia divina alguien me dijo que de esas puertas tan importantes siempre había un duplicado, que buscara bien, en esos lugares que uno suele guardar cosas, esos lugares que son tan evidentes que nadie busca ahí. Pensé, pensé en todos los lugares, en todos, a veces me distraía uno que otro olor de la cocina, pero me esforcé, no logré nada, estaba exhausta, me lancé al puf y cuando no pensé en nada allí surgió la imagen, la llave estaba debajo de un cactus que parecía morir lentamente.

Corrí a la puerta, abrí, todo andaba oscuro y casi de forma instantánea una tos se apodero de mi cuerpo, el polvo corría ya por mis pulmones, encendí la luz y allí fue donde lamenté informarme que algunos archivos que pensé perdidos aun estaban haciendo de las suyas en las descuidadas instalaciones, es notable que sobre hojas amarillas la nostalgia se hace más precisa y unas cuantas lágrimas se convierten en algo inevitable.

Irónicamente se vuelve difícil olvidar lo olvidado y hechos de insensatez los malos recuerdos pintados de tu rostro, el que tanto soñé, y por el cual quise soñar, llegó de nuevo esta sensación que se vuelve bastante descarada.

A veces me siento orgullosa de despedirme de ti en aquella carretera de intentos fallidos, pero por otro lado, son pocas, mínimas, pero absolutamente reales las veces que veo tu rostro y me da rabia, una ínfima rabia y desazón, pues a nada ya me saben tus labios perdidos, a nada me saben porque no eres más que uno más de esos amores que no sirven, ni de insultos ni de río.

Tantas palabras atestadas en hojas abiertas, en archivaderos del corazón, en solitarias sonrisas de tu encanto, que ya no vale, que ya no pesa, que solo se ve reflejada en la levedad del cansancio de amar lo odiable y de odiar tu mirada .

Incluso cuando uno cree que todo esta archivado,regresa de pronto una mañana temprano para ver si las palpitaciones están haciendo bien su trabajo y se encuentra con semejante desorden.
Y empieza a desconfiar hasta de la sangre que le corre por las venas.

Después de esta visita llena de sinsabores, después de recogerme el cabello y quitarme los zapatos, después de días de limpieza y polvo hasta las entrañas, comprendí que no logro creer ni en fuego, ni tierra,ni agua, ni arena.

Hubo un archivo que me grabé en el mente, uno en el que aceptaba muchas culpas de mi situación actual, allí me confesaba infractora, allí decía de forma explícita, que fui YO quién que se llevó aquello que apuñaló poquito a poquito mis ganas de usted, y que la solución más mordaz para acabar esa incertidumbre, es poder entender que gracias a Dios, HOY tengo algo mucho mejor que usted.

Me tengo a mi….. Limpia.

Natalia Andrea Zapata Montes

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