El mundo, mi mundo


Por: Allison Díaz Velandia

El mundo en que nos encontramos es un mundo saturado. Saturado de todos los extremos. Pobreza, comercio, consumo, hambre, felicidad, dinero, crueldad, miseria, violaciones de derechos… entre otros. Vivimos en una época donde se está poniendo a prueba todos los alcances que tiene el ser humano, para bien y para mal.

Este mundo que nos rodea, se ha prestado para mucho. Para manifestarse a través de la rebelión como en el medio oriente o en nuestro país. Para violar los derechos de las mujeres, como en la India. Para generar nuevas organizaciones en defensa de los derechos humanos. Para producir, producir, producir y consumir más, cual si fuéramos máquinas de trabajo.

Este, es un mundo de obtener nuevas cosas que nos satisfagan como la tecnología. De conseguir bienes materiales como algo primordial, objetivo del capitalismo donde cada quien tiene lo que “debería” merecer. De matar salvajemente los animalitos en laboratorios haciendo experimentos diversos que luego serán consumo humano. Es un mundo de todo junto, bueno y malo, de justicias e injusticias.

Puedo conocer diversas culturas. Sé que pasa en Japón, Egipto, Alaska, donde quiera, porque la globalización me lo permite y, si tuviera un familiar allá, me comunicaría con él fácilmente. Sin embargo, las naciones no dejan de pelearse por un poder de reconocimiento que hace que la creación de bombas atómicas sea incrementada con el paso de los años.

La disputa del poder ha traído que las sociedades más afectadas sean precisamente las que no cuentan con una unión al capitalismo. En Brasil una tribu prometió hace algún tiempo un suicidio colectivo y lo está cumpliendo, porque prefieren suicidarse a tener que trasladarse a otro hábitat.

Es un mundo donde se ignora, se ven noticias pero toda la semana es lo mismo y se crea costumbre. En conclusión, no hay un sentido crítico por las cosas.

El proceso de los medios de comunicación es aparentemente completo, pero ahí se queda, los medios exageran las cosas y dejan ver a la víctima como el subversivo.

El año pasado, los indígenas del Cauca querían sacar con palos a los del ejército que estaban armados y por eso, por no querer que ningún grupo armado entre en su comunidad, son señalados por los medios como subversivos. Así también son estudiantes, cafeteros, lecheros, arroceros. En fin, la manipulación de los medios hace parte nuestra, y es nuestra labor decidir si generar un pensamiento crítico o no.

Finalmente, lo que pretendo plasmar con este artículo que habla de mucho pero finalmente no profundiza en un caso concreto es lo mismo que pasa con la humanidad, se enteran de todo y a la vez de nada, y por ello todo queda en el olvido rápidamente, para dar paso a un nuevo drama, el de la costumbre.

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