“Este mocho sueña con volver a bailar salsa”


Por: Heidi Hoyos Ospina

http://azulados.tumblr.com

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Es un hombre de estatura media, afro, ojos negros y pestañas largas, labios gruesos y dientes blancos. Este hombre es Libardo Caicedo de 55 años de edad, nacido en la sucursal del cielo, Cali – Valle del Cauca.

“Perdí mi pierna el 13 de abril de 1983 en el bar donde trabajaba, todo por un policía cascarrabias y seis cervezas, hasta ahí me acuerdo de lo sucedido en el bar. Cuando desperté en el hospital me quería morir y sentí que había perdido todo lo que había ganado hasta el momento, que mi vida se derrumbaba. A los 6 meses entré en una depresión y no le encontraba sentido a nada, pensé en quitarme la vida y para rematar mi esposa me abandonó y se llevó a mis hijos, lo que fue aún más doloroso para mí, eran mi única familia, eran todo en vida.”

 3:30 a.m. se levanta y se organiza con su overol azul turquí un poco desgastado y se arremanga la bota que moldea su pie izquierdo, su botín negro brillante que resalta al caminar, se toma un tinto bien cargado y se da la bendición y en voz baja dice “gracias Dios por un día mas de trabajo” y es todo, después de esto se sube a su motocicleta a la que le diseño los cambios manuales “es fácil manejarla pues esto lo logré con la ayuda de un mecánico de confianza  y una palanca de un automóvil, me siento muy seguro aunque a veces se ve uno para caerse, esto es cuestión de práctica”.

Una hora más tarde llega a su trabajo donde lo espera un tractor de color rojo y seis grandes llantas, más de sesenta centímetros de alto y tres escalones: “Soy bueno para saltar”; apoyó su mano en la parte superior, su pie derecho en el primer escalón, un brinco bien pensado y ya está en el segundo, y en un abrir y cerrar de ojos otro más y es todo. Su cuerpo se desliza entre la silla buscando moldear su espalda, saca las llaves de su bolsillo y enciende el motor: “estos cultivos me los conozco como la palma de mi mano, claro está que hay que colocar mucho cuidado que ningún animal se atraviese en el camino porque podría ser fatal”. Acelerador manual, cambio y freno abajo, la presión impulsa seis llantas que asustan, su pie derecho se mueve rápidamente que no es posible diferenciar el acelerador y el clochs.

“Nos vamos a tanquear para no perder tiempo, es mejor asegurarnos”, acelera lentamente su Herbus 156-4450 mientras calienta motores para comenzar a recorrer el extenso cultivo de maíz, a medida que este avanza se pierde entre el gran lote que pronto será un maizal; “este olor a rocío en la mañana y la humedad de las plantas, el canto de las aves despiertan mi entusiasmo, esto me da vida, aunque hay días en los que estos olores me provocan nostalgia”. El día es frio, la lluvia embosca y la superficie del suelo se hace cada vez más arcillosa y espesa.

8:30 a.m. “ahora iré hacia el alimentadero que hay en el cultivo”. Poco a poco merma la velocidad al mismo tiempo que la lluvia, un giro a la llave y las llantas están firmes y con carisma dice “ahora sí mi negrita, a desayunar, vamos rápido para no mojarnos tanto”.
Se agarra fuertemente con sus dos manos y gira su cuerpo hacia el lado derecho, coloca su pierna derecha en el escalón superior y a medida que desciende merma su fuerza para llegar al primer escalón y al pisar tierra, grita fuertemente “Margarita llegué, páseme las muletas por favor”. Llega Margarita con una gran sonrisa en sus labios y se las entrega: “le presento a la negrita, es una amiga que quiere saber cómo es la movida de este mocho en el campo”. 

Una casa de color blanco y chambranas rojas y un comedor pequeño, un muy buen desayuno con calentado, de esos como para no querer almorzar “esto está como para levantar muertos, ¿se lució porque tenemos visita? ¡Jajajajajaja¡, o más bien para recargar baterías para la larga jornada del día de hoy”. A medida que pasa el tiempo Libardo se llena de recuerdos y dice que “la comida que Margarita prepara, me recuerda la sazón de mi madre quien era una gran mujer negra, gorda, animada y dedicada a su familia”.
Terminando el delicioso desayuno Margarita le entregó a Libardo un termo lleno de limonada, pues el campo está un poco retirado del establecimiento, igualmente entrega un porta grande con dos almuerzos “que Dios le pague mi señora”

Se monta de nuevo en el tractor y se dirige al centro del cultivo, con voz fuerte dice “Negrita, estos cultivos son los que me hacen levantar todos los días con ganas de vivir y seguir luchando cada día más, he aprendido a defenderme solo a hacer las cosas con el corazón porque Dios me quiere en este mundo un rato más, aunque yo me sueño con volver a bailar salsa yo tocaba el cielo con las manos cada vez que salía a lucirme en una tarima, en todo evento tenía que estar, no había fin de semana que yo no saliera a bailar”.  Después de unos minutos Libardo se concentra tanto que parece estar en otro planeta o quizás volando sobre ruedas  durante largos ratos, el fuerte ruido del motor hace que las palabras se pierdan, Libardo mueve su mocho como si aún tuviera su pierna entera, la dirección del tractor es tan grande  y fuerte que hace que sus venas se broten al punto de querer reventar, su seño fruncido y sus dientes que con presión reposan sobre sus labios, dan muestra de la intensidad del trabajo.

Nuevamente la velocidad y el ruido disminuyen lentamente. 1:00 p.m.: “muchachita es hora de almorzar, ¿ya está dando hambre verdad?”.
 “-Si, Libardo, es verdad, la jornada en el campo resulta ser más pesada de lo que me imaginé-”
Lentamente se dispone a compartir el almuerzo, dos vasos de limonada fríos, dos portacomidas, Libardo se distrae mientras silba “buen provecho compañera”, pronuncia mientras con gusto disfruta de su almuerzo, “ahora reposaremos porque toca ir al lote de soya a continuar con la jordana”, el almuerzo se da por terminado, media hora para descansar en el tractor, el olor espeso a abono orgánico resulta ser desagradable y aun más después de almuerzo, “voy a tratar de dormir un poco, ojalá que este olor me deje, lo que pasa es que en esta época hay que mantener todo en mantenimiento, como el cuento”; después de cinco minutos logra concebir el sueño, sus pestañas largas y oscuras resaltan con el brillo intenso del sol, mientras su pie reposa sobre la silla del tractor.
Después de un buen sueño revitalizador hay que seguir con la jornada laboral. “Negrita, espero que usted también haya descansado porque nos espera una tarde de mucho trabajo”. Libardo se dispone a encender motores de nuevo para continuar recorriendo los extensos cultivos. “ahora nos vamos a estar en los campos de Soya”, en medio de un radiante sol que golpea con fuerza el rostro y hace más agotador el trabajo y una enorme nube de sancudos que nos acompaña a lo largo del trayecto.
Libardo se concentró tanto que olvidó por completo que había personas observándolo, en ese momento aumentaba la presión del trabajo, era muy duro estar expuesto al sol y al agua todo el día. Haber compartido este día me hace reflexionar mucho acerca del ser humano, nunca estamos conformes con lo que tenemos ni con el trabajo que realizamos, nos sentimos mal remunerados y todo nos parece duro, lo que no sabemos realmente es que hay trabajos mucho más duros.

Siendo las 5:30 p.m. Libardo nuevamente retoma el camino de regreso a la casa donde está el alimentadero, allí esperaba Margarita con dos vasos grandes de limonada fría, “gracias a Dios terminamos un día mas de trabajo, todo salió bien y con esta grata compañía se me fue el día  súper rápido, gracias negrita por dedicarme todo un día, espero que siga viniendo”. Se baja de su tractor como es costumbre para él Margarita le pasa sus muletas y se va hacia el baño de la casa, se cambia su ropa sudada, sucia y desgastada, diez minutos después sale como nuevo con su pantalón de tela y su camisa blanca, un par de sacudidas a su botín y sonriente dice “ ahora si quedé como para ir a bailar salsa” se monta a su moto con cautela la enciende, se despide de todos y con gran entusiasma dice “que el señor los acompañe y que tengan una feliz noche, nos vemos mañana” si Dios quiere responden sus amigos y Libardo contesta “Dios siempre quiere el que no quiere es uno”. 

“Negrita con gusto la saco hasta la carretera, preste el otro casco no la puedo llevar hasta su casa, es lo menos que debo hacer por usted, para la próxima con mucho gusto.”
Al llegar hasta la carretera cada uno toma diferentes rumbos Libardo agradece con un fuerte abrazo y una sonrisa blanca que destella y pronuncia “espero no se olvide de este mocho que la llevara en el corazón”

La vida no es cuestión de olvido si no de saber valorar cada instante, cada momento, ni la soledad, ni el dolor apagaron a Libardo y aun perdura el recuerdo de aquel hombre que algún día me dijo “el que vive con envidia y rencor nunca progresa, pero tampoco me sacaré un ojo para que otro vea con tres, aquí seguiré luchando hasta que el altísimo se acuerde de mi.”

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