“TODA MI VIDA SIEMPRE TRABAJÉ PRENDIDO”


“Beber es la gloria. Cuando uno se acuesta a dormir y se levanta lo primero que piensa es en un trago grande; hubo momentos en que deliraba cuando no tomaba, sentía que me perseguían. Cuando tomaba,  sentía un fuego en mi interior, ese calor, como si me  hubieran inyectado vida, me sentía un hombre del  tamaño de un edificio, ya no había miedos. Pero el alcohol es una droga. El que es alcohólico es un drogadicto.”

Los años han pasado por sus blanquecinas canas y sus ojos reflejan ternura y dolor a la vez, la tesitura de su piel es blanca y su estatura es promedio, es un hombre saludable y con un buen estado físico a pesar de haber consumido tanto alcohol. Siempre sonríe y su trato con las demás personas es muy amable, es un hombre noble a pesar de las amargas circunstancias y las tristes vivencias que se esconden en su memoria y en su corazón. Así es la vida de un hombre al que llamaremos Antonio Restrepo Cifuentes (pues prefiere mantener en reserva su verdadero nombre) tiene sesenta y cinco años, se dedica a la publicidad y es un bombero voluntario.

“Al lado de mi casa beben mucho y me ofrecen mucho licor pero me rehúso ha aceptarlo, me da muchas ganas de tomar pero yo sé que si lo hago vuelvo a caer y no hay fuerza de voluntad que me vuelva sacar, es como  ingresar al fuego sin agua, imposible de apagar, es dejarme quemar. Yo ahora me siento con mas vida, con muchos deseos de trabajar; amanecer sobrio es una dicha”, así dijo Antonio, quien a pesar de ser toda su vida un alcohólico, tuvo fuerza de voluntad y se alejó de ese líquido inflamable que tanto daño le produjo tanto a él como a su familia.

Desde pequeño siempre quiso ser bombero, pero su padre no se lo permitió ya que le parecía una profesión demasiado peligrosa, entonces se dedicó a la publicidad, pero lamentablemente no se pudo graduar ya que el alcohol no se lo permitió.

- Yo entré a la bebida a los catorce años, empecé a beber cada ocho días, después cada cinco y después fue aumentando hasta que lo tenía que hacer todos los días, dejé que el licor me cogiera ventaja – decía Antonio,  paseándose despacio delante de un taburete al frente del computador – . Yo acabé con mi felicidad antes de nacer, empecé a tomar siendo un niño y hasta hace muy poco lo dejé, no me puedo quejar ya que tuve una buena infancia hasta que entre a bachillerato y las malas amistades me arrastraron.

El teléfono sonó en la pequeña habitación. Antonio se levantó a contestar. Era su hijo, Carlos. Amablemente se excusó y se dirigió hacia otra habitación y se concentró en la conversación. Mientras él hablaba con su hijo pude observar su lugar de trabajo. Es un corredor angosto que da a una pequeña habitación, tiene un pequeño escritorio viejo con marcas de un arduo trabajo; encima de este, hay diversas herramientas, las cuales necesita para desempeñar bien su trabajo; colgados en la pared tiene seis sombreros de bombero de todas las clases y tamaños y una placa con las palabras: valor, abnegación y disciplina;  no puede faltar el extintor de incendios ubicado cerca a la salida.

En una pequeña vitrina color verde oliva incrustada en la pared, posee una colección de pequeños carritos de bomberos. Su computador es algo viejo y lento pero es su mayor herramienta de trabajo y tiene algunas revistas y libros que se encuentran en desorden en un pequeño estante; al pasar por el angosto corredor hasta el final se puede observar gran variedad de moldes, maderas, marquillas y algunos químicos en pequeños tarros.

A los pocos minutos, Antonio volvió a la habitación y se sentó en la pequeña banca.

-  Le cogí odio a la bebida porque me acuerdo de todas las cosas lindas que perdí, el licor no me permitió progresar – dijo-. En un tiempo me dediqué a las artes marciales, fui instructor, llegue a ser cinturón negro y lo disfruté mucho. – en sus ojos se podía ver la profundidad y algunas chispas de tristeza al recordar – Lo tenía todo y lo tire por la borda.

Más tarde apareció su esposa Liliana, y nos ofreció algo de beber. Como de costumbre Antonio le pidió un café muy oscuro  y yo me tomé una Pony Malta. Mientras se saboreaba el café me conto que hay una bombera a la cual todos aborrecen. ¡Es una persona de una maldad extraordinaria! – exclamó, en su cara se podía ver el desagrado que sentía hacia aquella persona -. ¡Es una zamba, una persona maligna! no le importa pasar por encima de los demás, se hace pasar como la más valiente pero cuando ve un caso terrible  se agarra a llorar y a darle patadas a las paredes y a las puertas. En una ocasión le llamé muy fuerte la atención y le dije que ella como suboficial en bomberos no debe estar dando esos espectáculos y ese ejemplo al personal, ella no puede actuar así.  Aunque suene cruel uno se acostumbra a ver muertos ya que no puede hacer nada y tiene que actuar de una manera tranquila, – decía- pero cuando uno sabe que alguien esta vivo, da todo lo que puede por salvarla, se siente ese desespero y esa presión. Para mi la muerte no significa nada, no le tengo miedo; la verdad soy ateo y no me da pena decirlo. Yo me pregunto: ¿Quién creó a Dios? Y también lo respondo, a Dios lo creó el miedo del hombre, siempre desde pequeños nos han inculcado ese miedo hacia un ser superior, que en realidad no existe. Para mi Dios es el mundo, la naturaleza, que a esa sí se debería adorar ya que es vida. La gente me pregunta que si no me da miedo dar cuentas a Dios por mi pasado de alcoholismo, pero la verdad eso no me importa, yo no creo en nada, ni en ángeles, ni en milagros, todo esto son mentiras estúpidas.

Me tomé el atrevimiento de preguntarle cuál es el caso que mas recuerda en su trabajo de bombero que este ligado con el alcohol y sin dudar me contó con un tono serio y en cierto grado con preocupación una historia que lo marco.

“Todos los bomberos voluntarios nos encontrábamos ese día en el cuartel, el ambiente era demasiado tranquilo y eso nos producía sospecha de que algo malo iba a suceder – decía -. Como de costumbre nos dirigimos hacia las habitaciones que quedan en el cuarto piso del edificio y nos preparamos para dormir. Aproximadamente a la una de la mañana se encendió la luz y la sirena del cuartel invadió nuestras habitaciones sin permiso, de inmediato todos nos levantamos y rápidamente nos pusimos el traje de protección incluyendo el equipo de respiración autónomo y nos deslizamos por el tubo hacia el primer piso, el cuartel estaba invadido por jóvenes bajo los efectos de las drogas y el alcohol – recordó- ; en esa época los policías los recogían y los llevaban para que los padres los recogieran. Corrimos rápidamente hacia el camión y nuestro teniente nos informó que se trataba de un incendio estructural en la carrera 12 número 13-80,  dirección que nunca se me olvidará ;  en esas se voltea una de las señoras que estaba recogiendo a su hija y empezó a gritar que esa era su casa y que dos de sus hijos se encontraban allí, sin pensarlo dos veces el camión arranco velozmente hacia el lugar de los hechos, cuando llegamos gran parte de la casa estaba devorada por el fuego; entré por unas escaleras y me dirigí hacia una habitación que estaba en llamas, en la esquina se encontraba uno de los niños totalmente quemado, estaba muerto; en mi corazón había rabia y dolor pero no me podía dejar llevar por esos sentimientos ya que faltaba una persona por rescatar; cuando entramos a la siguiente habitación la niña estaba a salvo, el fuego no había llegado hasta ella.

Nunca se supo cuales fueron las causas que provocaron el incendio – agregó-  pero por la irresponsabilidad de una madre en dejar a sus hijos solos por recoger a una hija sinvergüenza y alcohólica terminó todo en una catástrofe. Situaciones como esta me recuerdan mi pasado.

Mi señora toda la vida vivió muy maluco, se casó con un borracho – decía -. Me conoció borracho, me case borracho y seguí borracho. Pero nunca – proseguía Antonio, sin dejar de mirarme fijamente-,  he dejado mi obligación para con mi familia, siempre velé por ellos aunque fuera un borracho.

Tuve muchos problemas con mi hijo, el me decía: -¡Papá! ¿Yo que hecho mal en la vida para estar pagando este castigo de verlo a usted borracho?- El se ponía muy mal, se preocupaba mucho, no comía y tampoco le gustaba que le hablaran. A él no le gusta tomar, la verdad no sé si es por todo lo que vivió a causa de  mi enfermedad o porque no le gusta su sabor – sus ojos expresaban duda-.

La gente siempre habla de más, dicen que porque el padre es borracho el hijo nacerá con alcohol en su sangre, pero la verdad eso es una mentira; de una espina nace una rosa, y esa flor hermosa es mi hijo, el es mi orgullo. Cuando estaba pequeño me dijo que el quería ser un bombero y sin pensarlo dos veces lo lleve a donde una amigo que en ese tiempo era él teniente. Esa fue una gran felicidad para mí – dijo Antonio, mientras su boca  formaba una curva la cual se convirtió en una pequeña sonrisa-.

Mi hijo y yo nunca le hemos tenido miedo al fuego, siempre he dicho que el verdadero bombero es el voluntario, – aseguraba Antonio, con orgullo e ímpetu -. Es muy contado el bombero que le pagan y se arriesga, en cambio nosotros los voluntarios lo hacemos porque nos nace, porque vemos el fuego y lo queremos apagar, salvar vidas es nuestra felicidad. Yo ya llevo en este paseo nueve años y lo seguiré haciendo hasta que me muera.”

Antonio intentó dejar la bebida aproximadamente unas diez veces, pero lo máximo que duraba sin beber, era un año y volvía a recaer. A pesar de su enfermedad siempre tuvo ganas de aprender muchas cosas, entre esas, ser bombero, cosa que ya realizó y que lo hace muy feliz. Participó en algunas reuniones de Alcohólicos Anónimos pero nunca lo ayudaron ya que para él, la enfermedad que tenía no se la podía quitar nadie más que él mismo, con fuerza de voluntad y con poder mental.

Toda mi vida siempre trabaje prendido, me encantaba el licor pero gracias a este también pasé por crisis económicas ya que era costoso y como yo bebía demasiado el dinero no rendía, en un tiempo opté por tomar alcohol del que sirve para desinfectar las heridas y cuando tenía algo de dinero compraba gaseosa y me lo tomaba así, pero cuando no había le echaba un poquito de agua con algunas gotas de limón. – su rostro expresaba decaimiento y en  cierta manera vergüenza-.

Mientras se acomodaba en su silla decía-  uno siendo alcohólico siente la humillación más grande del mundo, porque hay algunos  que pierden las vergüenza, pero esa siempre la mantuve, nunca fui dejado, pero sí se siente la degradación. Mucha gente me dió la espalda y más de una vez me dijeron  degenerado, pero en situaciones como esas es donde se ve quiénes son los verdaderos amigos y muchos se quedaron a mi lado y me hicieron reflexionar. – Su voz era tranquila y serena, por algunos segundos se traslado a otra época, seguramente recordando aquellas personas que se quedaron a su lado, en su mirada se podía percibir un profundo agradecimiento-.

En los últimos 5 años de mi alcoholismo tomaba tan exageradamente que mantenía en la clínica, y mi hijo siempre que tenia algún tiempo libre en el trabajo me iba a visitar, recuerdo mucho que la gente se asustaba cuando lo veía entrar ya que pensaban que la clínica se estaba incendiando – mientras recordaba, su rostro fue tomando un tono rojizo y por su boca soltó una gran carcajada-. Lo más increíble es que mi salud ha sido muy poderosa,  cuando me realicé los exámenes los médicos estaban sorprendidos porque no tengo absolutamente nada, mis órganos están sanos, y no debería ser así, ya que toda mi vida bebí. Yo creo que esto se debe a que fui un buen deportista, me dediqué a las artes marciales y ahora estoy como bombero.

Antonio no se amarga por las cosas que hizo, a pesar de todo él pasó delicioso; bajo los efectos del alcohol se sentía rico, bonito, inteligente, guapo y verraco pero siempre tuvo en cuenta que vivió de ilusiones.

- Yo cuando pienso en el trago no me amargo, pero se que mi vida pudo haber sido muy diferente, le pude dar una mejor vida a mi familia si no me hubiera dejador llevar tan estúpidamente por ese problema.

La única manera de que yo vuelva a beber es si me da una enfermedad terminal que me tire a la cama o me deje en una silla de ruedas.  Si estuviera en esa situación no me gustaría que mi familia gastara dinero en medicamentos costosos que para mi son los que alargan el sufrimiento, mas bien, que se ahorren esa platica y me compren alcohol para yo morirme contento y borrachito. Sus palabras salieron de su boca con precisión y seguridad-.

“Yo aplico una frase en mi vida que es demasiado cierta: el pasado es un cheque cancelado, el futuro es incierto, hay que vivir el hoy”

Antonio, a sus sesenta y cinco años es un hombre que pudo salir adelante y dejo atrás la enfermedad que lo persiguió toda su vida mostrándole al mundo un caso de superación, un bombero al que casi  lo consume un líquido inflamable.  Lo único que espera es terminar su vida con salud y mucho amor para compartir con su familia y seguir desempeñando la labor que tanto lo apasiona: salvar vidas.

 

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