Fronteras y Sueños


Fronteras y Sueños

Por: Sebastián Saavedra

Skirolz-SKETCH

Un promedio de 250 personas mueren cada año tratando de cumplir el famoso ¨Sueño Americano¨, que debería ser mejor llamado ¨La pesadilla Americana¨. La mayoría de estas muertes son de centroamericanos, suramericanos, caribeños y asiáticos en busca de una mejor y feliz vida para sus familias, pero no sin antes probar que tanto desean este sueño en realidad.

De Colombia a Honduras: Pico y te cuidas!
A las 4:00 a.m. el agua en Bogotá con calentador y todo no deja ser fría hasta la chimba! Pero las ganas de viajar y volver a experimentar algo nuevo no me pudieron dejar dormir en toda la noche. Todo estaba listo y no era sino montar maletas al bus rumbo al aeropuerto El Dorado. Al llegar todavía estaba oscuro y se podía ver desde lejos el vapor que salía de los tinticos que tomaban los taxistas. Yo tenía demasiada energía, algo inusual para ser tan temprano y más después de unos ¨pipasos¨ que me di a escondidas de mi tía.
Llego la hora de pasar a la sala de espera, me despedí de mi tía y su esposo quienes me acompañaron al aeropuerto para despacharme, así cumplir con el roll de apoyar a la familia en sus decisiones, aventuras y locuras descabelladas. Sentado, con las manos sudorosas sosteniendo los papeles con firmas falsas de mis padres, los cuales autorizaban la salida del país a su adorado hijo con alma silvestre. Nervioso pero feliz, unos minutos después estaba despegando el avión de la pista rumbo a Tegucigalpa, Honduras, con escala en el aeropuerto Juan Santamaría, Costa rica.

Honduras a Guatemala: ¨Catracho¨ de corazón.
El aeropuerto Toncontin de Tegucigalpa es relativamente pequeño y después de recoger mi maleta busqué la salida siguiendo los letreros que lo guiaban a uno al check-in de emigración; llegué después de las 6 p.m. me hicieron algunas preguntas y seguí mi camino como si conociera la ciudad de punta a punta. Con cara de mariguanero perdido, exhibiendo mis tatuajes con una especie de orgullo gangsta, esperaba a la persona que me recogía. No tenía ni idea quien era, pero sabía que alguien me esperaba. Al cabo de unos minutos un personaje con pinta de campesino moderno se acerco y se presento con el nombre de Danilo, entramos a una cafetería donde por primera vez comí pan dulce con un café espantoso. Hablamos sobre los tatuajes ya que en Honduras no es muy bien visto dado a la cantidad de ¨mareros¨ o pandilleros que existen en el país. La policía los maltrata e inclusive los lleva presos por simple sospecha, sólo por estar tatuados.
Pasé una semana en un pequeño pueblo llamado Yoro, mientras sacaba papeles falsos y poder viajar por centroamérica sin mucho problema o en caso de que algo fallara y la migra me cogiera, fuera deportado a Honduras mí supuesta ciudad natal.

Con el alias de Selvin Naun Medida; según lo indicaba la contraseña falsa, un domingo en la mañana salimos un grupo de 5 personas rumbo a Guatemala; de aquí en adelante empezaba la travesía por la selva y las caminadas largas por caminos trazados por nosotros mismos. Abordamos un bus el cual nos dejó en la frontera de Guatemala, vestido como un campesino mas, nos subimos a una camioneta que nos cruzaría de Honduras a Guatemala pasando por varios retenes militares. En Guatemala abordamos otro bus y quizás ese fue el viaje más horrible en mi vida. Fueron 22 horas medio sentado, aguantándome un olor a chancla de indio mezclado con chucha, mierda y ACPM. El bus estaba tan lleno que parecía una chiva hermética, gallinas, comida, costales y bebes llorando hacían parte de la extrema incomodidad en ese bus. Finalmente llegamos a un lugar donde parecía que no había más camino y esperaban en la orilla unas lanchas que nos cruzarían al otro lado del charco.

Guatemala a México: Monster truck salvaje.
Después de varias horas en lancha cruzando un rio que parecía no tener fin ese hijueputa; llegamos a una aldea en medio de la selva donde pasamos la noche durmiendo en un colchón de cartón, con un calor infernal y una humedad que no dejaba respirar bien. Amaneció y a unas cuantas cuadras donde dormimos nos esperaba una camioneta con llantas exageradamente grandes y una suspensión como de 2 metros, era un ¨Monster Truck¨ criollo. No tenia idea para que tenían ese tipo de camionetas en esa parte del país ya que no hay carreteras y los residentes de la zona viajaban en lancha, en su mayoría. Nos subimos en la parte trasera y comenzamos a penetrar literalmente la selva.

A punta de machete y hacha abríamos camino por la espesa selva de Guatemala, a este punto ya entendía por que las llantas anchas y las modificaciones en la suspensión del carro. Fueron seis horas recibiendo golpes de las barras protectoras en la parte trasera de la camioneta, hasta que al fin llegamos a un rancho donde nos esperaba otra camioneta, pero esta vez una normal y muy vieja. Nos trasladamos de vehículo y como no todos cabíamos en la parte delantera del carro, me gane la rifa para irme dentro de un cajón gigante que parecía ser un parlante casero, durante más o menos 2 horas. Por fin llegamos a una finca donde por el acento del agregado me di cuenta que estábamos en territorio mexicano.

México: Un tren de sueños y pesadillas.
Pasaron tres días esperando el sonido de un tren, el cual teníamos que abordar para que nos llevara a la próxima parada, Veracruz. El maquinista paró en la finca, aparentemente era familiar del agregado que nos hospedó. Después de negociar el viaje en uno de los vagones vacios empezamos a andar, por algún motivo se sentía pesado el ambiente pero me entretuve mirando el paisaje. Cayó la noche y el tren no paraba ni disminuía su velocidad;   dentro del vagón teníamos armado un cambuche en una de las esquinas más oscuras por seguridad y nos turnábamos la vigilancia. Llegando la madrugada empezamos a escuchar sonidos de voces y cada que las horas pasaban, era más y más fuerte. Solo hasta que paramos en la tarde en un pueblo, me di cuenta que en el tren iban miles de personas en los techos, dentro de contenedores, en los vagones y hasta colgados de las escalerillas, los menos afortunados. Al cabo de dos días el tren se empezó a mover de nuevo.

Ya con una suma de personas considerable el mecanismo de vigilancia cambió y sólo los hombres podíamos hacer la guardia, acompañados de un machete con filo por ambos lados que le pertenecía a Danilo. Llego el turno mío de vigilar y la mayor parte de la noche estuvo tranquila, hasta que sentí que el tren bajaba la velocidad, recordé que durante una conversación con Danilo me explicó que durante un tramo del viaje siempre se subían ladrones o personas que pertenecían a grupos organizados ilegales como los ¨Zetas”.  Con un poco de nervios me acerqué a la compuerta que siempre permanecía abierta para mirar hacia fuera, pero en medio de la oscuridad y en la mitad de una montaña no es mucho lo que se pueda observar, al entrar la cabeza sentí que algo golpeo el piso del vagón y sin pensarlo dos veces, mande el machetazo con tanta fuerza que todo el mundo se levanto del sonido repentino. No se veía mucho pero se alcanzaba a notar una mancha oscura en el piso. Solo hasta cuando amaneció nos dimos cuenta que eran un par de dedos, seguramente de alguien que intentaba subirse a nuestro vagón.
Por fin llegamos a Veracruz, hacia un calor espantoso y nos tocó caminar durante unas nueve horas bajo un sol que ardía cada vez más con cada paso que dábamos. Llegamos a la casa donde nos esperaban y nos recibieron con comida caliente y unas cuantas Coronas litro. Estuvimos ahí casi una semana antes de volver a viajar.

Por algún motivo Danilo no nos acompañaría más en el viaje y una mujer nos llevo al D.F. capital de México. Del D.F. a Piedras Negras abordamos un camión de carga pesada. Durante las 22 horas de viaje ninguno pudo dormir, ya que éramos casi 9 personas en el camarote del cabezote. De las 9 personas, 4 eran chinos que se sumaban a la travesía y ninguno hablaba ni un poco de español, a duras penas hacían señas y decían ok. Llegamos tarde de la noche a una estación de gasolina donde, una vez más, nos trasladaron a otro carro. Nos acomodaron como sardinas, todos acostados de lado y dándonos la espalda, los 9 cupimos en la parte de atrás de un automóvil. En un garaje a pocos minutos de donde nos recogieron nos bajaron, dirigiéndonos hacia un cuarto con paredes sin revocar y una ventana diminuta con barras que impedían la fuga de cualquiera de nosotros. Pasaron 3 días en ese cuarto y nos hicieron llamar a los parientes que nos esperaban, para decirle que estábamos bien y pedirles dos mil dólares que estos personajes exigían. Estaba secuestrado, de la manera más sutil y calmada que he experimentado, pensé que eran con armas y amenazas pero no, se saltaron todos esos pasos y dejaron que nosotros mismos camináramos y llegáramos a ellos.

Frontera con E.E.U.U: Cementerio silencioso.
Después de pagar los dos mil dólares que pedían, comenzó el viaje con 14 personas; entre ellas 3 mujeres. Eran dos ¨coyotes¨ quienes nos guiarían a través del desierto. Antes de empezar a caminar nos dieron unas cuantas instrucciones básicas de sobrevivencia y como guiarse en el desierto. Nos advirtieron de los peligros y la duración de la caminata dependía de cuanto podíamos avanzar mayormente en la noche. Cada persona llevaba un litro de agua potable, unas latas de comida, pan y tortillas. Eso era todo. No podíamos cargar algo mas que comida y una camisa extra para cuando llegáramos. El primer día de caminada parecía un paseo, todos conversábamos en voz baja y hacíamos chistes mientras avanzábamos. Hasta que al segundo día la primer muerte por deshidratación nos recordó el peligro que estábamos corriendo.

Caminaba muy inestable, pero así lo hacíamos la mayoría por culpa del cansancio, el hombre venia desde Ecuador; era vendedor ambulante y decidió cruzar la frontera dado a que su esposa esperaba el cuarto hijo y la situación en su país no le favorecía mucho. No me sentí mal, simplemente pregunte que teníamos que hacer. Uno de los coyotes nos dijo que no podíamos gastar energías haciendo un hueco, pero que tampoco lo podíamos dejar en el camino ya que así nos podían seguir la huella. Nos turnamos para cargarlo media hora en sentido occidente, lo cubrimos con arboles secos del desierto y nos devolvimos con su maletín. Al cuarto día en la noche dos guatemaltecos se quedaron sin comida y decidieron devolverse; jamás los volví a ver. El quinto día encontramos una especie de laguna verde, donde parecía que algunas vacas venían a tomar agua. Llenamos de nuevo nuestros contenedores, filtrando el agua con una camisa.

El agua tenía un aspecto verdoso pero con un jugo en polvo de marca mexicana se podía disfrazar la bebida y seguir nuestro camino. Pocas horas después una de las mujeres temblaba y caminaba como si estuviera coja, días antes cuando cruzábamos el Rio Grande ella tuvo un accidente y se aporreo el tobillo, al saltar la valla que divide estos dos países se volvió a lastimar y al parecer ya no se aguantaba más el dolor. Colapso y cuando le revisamos el tobillo tenía la mitad de la pierna morada con parches negros, la mujer lloraba y nos suplicaba que cuando llegáramos pidiéramos ayuda. Paramos durante varias horas hasta que dejamos de escuchar sus lamentos y cuando menos pensamos, entro en un sueño profundo del cual nunca despertó. Otra vez a solucionar donde dejaríamos el cuerpo. Hacia unos minutos pasamos un cañón, la cargamos hasta allá y la arrojamos como un desecho orgánico. El sonido del cuerpo golpeando las piedras y el rastro que dejaba en cada golpe eran espantoso.

De hay en adelante no pude volver a dormir bien. Volvimos casi en la noche y por las caras que encontramos parecía que algo espantoso acababa de suceder. Otro muerto más, a este punto nada me importaba y solo le saque lo que necesitaba de su maleta para seguir caminado, ya no quería enterrar a nadie más. Me pareció muy extraño que los coyotes que nos acompañaban se desaparecieron en el transcurso de la noche y solo hasta que amaneció nos dimos cuenta que llevábamos horas caminando solos. Veía un pueblo a los lejos y la alegría de haber llegado no pudimos contenerla, caminábamos sin cuidado y muy rápido. Minutos después escuchamos una camioneta y corrimos a escondernos donde pudiéramos, pero era demasiado tarde, estábamos rodeados y no tuvimos mas opción que entregarnos. Al subir a la patrulla de ¨Board of Patrol¨ sentí el cansancio, pero dentro de mi sabia que ya había coronado. Estuve preso dos meses mientras solucionaba mi situación legal y me mejoraba de una espina que me enterré en la planta del pie. Finalmente después de dos meses de viaje pude abrazar a mi mama y hoy tres años despues vengo a contar mi experiencia.

P.S. 
La limitación esta en tu mente y si tu mente no tiene limites, entonces todo será posible.

Realizadores:

Sebastián Saavedra

 

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